Del Cerro de Cempoatépetl, a la Rotonda de las Azucenas

Citlalli López / Foto: JLP

Oaxaca, Oax., 24 de julio de 2015.- Un nuevo día empieza en “Tlahui”, un pueblo que se levantó bajo la tragedia de un alud de lodo, que en septiembre de 2010 enlutó los hogares de 11 personas.

Las risas de niños y niñas inundan el corazón de la comunidad, el aire corre libre entre las montañas que sacude la neblina.

Entre la bruma se vislumbra el cerro del cempoaltepetl, lugar considerado sagrado por los ayuuk. Es ahí en donde se realizan las ceremonias de agradecimiento y de petición a la madre tierra.

Una de las más grandes es la que se desarrolla en la celebración del año nuevo y es encabezada por las autoridades. En esta se hace un pedimento para que el año que inicie sea fructífero y de bien.

A la ceremonia se lleva alimento que consiste en una tortilla embarrada con chintextle, carne asada o huevo cocido. De bebida se lleva el mezcal o el pulque sencillo o de color rojo, este último se ofrece en grandes dimensiones para pedir el bien, para que todo sea “de olor a flor”.

Como ofrenda se llevan animales, principalmente el guajolote que es el máximo regalo, de la misma manera se obsequian gallos y gallinas, las cuales son sacrificadas en el cerro para alimentar a los invitados, una vez regresado al pueblo.

Este cuadro es representado durante las festividades de la Guelaguetza, en la que participan desde 1999, ante el interés de la comunidad por mostrar su cultura al mundo, como una forma de preservarla viva.

Una vez realizada esta presentación, son expuestos los sones y jarabes mixes, que son bailes ancestrales, antiguamente nacidos al ritmo emitido por hojas de los árboles, posteriormente por las chirimías y actualmente por las bandas filarmónicas.

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