Caldo de gallina, para curar los excesos

Notimex

México, 18 de octubre de 2015.- Después de la jornada laboral de un viernes o sábado cualquiera, unos tragos caen bien para relajarse, pero si se cae en el exceso, levantarse al día siguiente con resaca es fatal.

Nada mejor para la cruda que un caldo de gallina con su chilito piquín martajado, un taco de puerco en morita y una “chabelita” -refresco rojo combinado con cerveza-, para sudar la gota gorda y después, andar como si nada hubiera pasado.

Desde hace 50 años, Caldos Rivera es un negocio familiar que fue iniciado por los señores Balbina Sánchez Garduño y Adolfo Rivera Maya, quienes en vida lo heredaron a sus hijos y nietos.

Gorditas, tacos de guisado, tostadas, quesadillas, costilla asada, pozole, enchiladas, chilaquiles, postres, bebidas y por supuesto, la especialidad de la casa; caldo de gallina estilo Michoacán, son parte de los platillos que se ofrecen.

A pesar del éxito del negocio, Moisés Rivera, el anfitrión, comenta que no tienen sucursales, aunque en la actualidad es un tema que a nivel familiar evalúan, ya que el sabor michoacano que los ha caracterizado es un aspecto que desean preservar.

El dueño afirma y se enorgullece al decir que aumenta el precio de sus productos cada tres o cuatro años, porque son conscientes de la situación que viven los ciudadanos, sin que ello demerite la calidad del producto final o el sabor de los mismos.

Con la música de fondo y los olores mezclados, casi todos los insumos se preparan en el lugar, pues al tener pocos proveedores, son ellos quienes elaboran el mole, las salsas, las tortillas, los totopos, las aguas naturales y los postres, entre otras cosas.

A favor del crecimiento y en contra de las franquicias, Rivera Maya afirma que es una situación difícil de resolver, porque no están dispuestos a sacrificar el legado familiar –el sazón- por el dinero; aspecto que los ha caracterizado durante medio siglo de existencia.

Los ricos platillos han sido degustados por artistas y público en general, sin embargo, es una labor cotidiana y ardua que comienza desde las cuatro de la mañana en la Central de Abasto, con la selección, compra y supervisión de los insumos por los propios dueños.

Cumplidos con todas sus obligaciones administrativas, fiscales, económicas, comerciales y de salud, evitan tener concesiones, convenios o afiliaciones de ninguna índole, para no estar condicionados respecto a qué vender o cómo administrar su negocio.

Con una ubicación envidiable, debido a la zona hospitalaria al norte de la capital, este negocio ha sabido capotear las crisis económicas, cuyo éxito ha sido “el ahorro”, la llave que les ha permitido hacer frente a dicha problemática; le rehúyen al financiamiento.

Al solicitarle al dueño algún consejo para aquellos que ya tienen un negocio o pretenden establecerlo, responde “que ahorren, se organicen, eviten solicitar créditos, ser amigables con el cliente, dar el mejor servicio, estimular a los empleados y ser autosuficientes en la medida de lo posible”.

Lo único que no producen o crían son las gallinas y mucho menos administran el sitio web de su negocio, aunque tampoco son situaciones que les quiten el sueño.

Quizá en algunos meses la familia por fin se organizará y podrá abrir otro local, sin que esto afecte el paladar de sus comensales y mucho menos el trato amable de sus propietarios, mientras siguen sirviendo el caldo de gallina con su chilito y su limón.

 

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