Edgar Andrés, graduado 2 años después de la tragedia en Iguala

El normalista, de origen oaxaqueño sobreviviente a la tragedia que cambió  el rumbo de 43 familias mexicanas

Patricia Briseño

OAXACA, Oax. Edgar Andrés Vargas, de 21 años de edad, se recupera de manera paulatina del balazo que recibió en el rostro la madrugada del 27 de septiembre de 2014,  en Iguala, Guerrero, cuando acudió en auxilio de sus compañeros de la Escuela Normal “Raúl Isidro Burgos” de Ayotzinapa.

Al cumplirse dos años de la tragedia que cambió el rumbo de 43 familias por la desaparición de sus hijos normalistas, la familia Andrés Vargas también vio trastocada su vida de trabajo en San Francisco del Mar, en la región del Istmo de Tehuantepec, por acompañar a Edgar en su recuperación física y emocional.

“La recuperación  de mi hijo es paulatina, le han practicado seis cirugías, en dos años”, comentó Marbella Vargas, madre del joven sobreviviente del ataque armado.

Instalados temporalmente en el Ciudad de México debido a su tratamiento,  el joven indígena ikoot se recupera de la sexta cirugía de reconstrucción de la boca antes tuvo una en el paladar,  de alta complejidad.

La convalecencia por cirugías, múltiples revisiones clínicas con especialistas en las áreas de otorrinolaringología, maxilofacial y reconstructiva; rehabilitación y atención sicológica, llevaron a la familia a dividirse en dos.

Nicolás, el padre de Edgar trabaja como profesor en una escuela pública en el municipio de Santo Domingo Zanatepec, en el Istmo.

El resto de la familia, Marbella junto con sus tres hijos se mudaron a la Ciudad de México para atender las citas con especialistas, acudir a las reuniones con el equipo jurídico y organizaciones de derechos humanos que atienden a las familias de la victimas del caso Iguala.

La mamá de Edgar resumió en entrevista los  dos últimos años de la batalla que su hijo ha librado en su recuperación, pero también comparte el más reciente logro de Edgar, haber concluido la carrera de profesor normalista, egresado de Ayotzinapa.

La mujer de 47 años expresa su orgullo y respeto por su primogénito, quien en fecha reciente acabó de atravesar por su sexta cirugía de reconstrucción, pero aún faltan otras de tipo estético.

Édgar recibió un disparo en el rostro, que le voló parte de la nariz, el labio y los dientes.

En septiembre del año 2014, el chico oaxaqueño contaba con 19 años, y recién iniciaba el tercer año en la Normal “Isidro Burgos”, por compromisos escolares decidió quedarse  en el plantel y no viajó con los de nuevo ingreso que  participarían en la marcha nacional conmemorativa del 2 de octubre, en la Ciudad de México.

Sin embargo, la madrugada del 27 de septiembre, al igual que otros alumnos, atendió el llamado de auxilio de los muchachos de primer grado atacados a balazos en Iguala.

Al llegar al lugar del primer ataque, cerca de la medianoche, durante una improvisada rueda de prensa, Édgar recibió un disparo en el rostro.

“En esa noche perdió mucha sangre. En una clínica le negaron el servicio. Sus compañeros solicitaron una ambulancia al número de emergencia, pero nunca llegó”, recapituló.

En su momento le practicaron una traqueotomía. Le restituyeron el paladar y los labios, a partir del injerto de uno de sus huesos y piel. También recibió  un tratamiento para los riñones. Usó silla de ruedas, después muletas.

Tuvieron que transcurrir muchos meses de terapia para que pudiera volver a hablar; la comunicación era escrita, a través de un cuaderno.

Marbella contó que su hijo llegó a perder varios kilos de peso, y  aunque los recupera, recae cada vez que es sometido a alguna cirugía. “Requiere de suplementos nutricionales por las dificultades en el deglución”, refirió.

Sin embargo,  el normalista oaxaqueño no ha dejado de estudiar.  Durante su periodo de convalecencia, Édgar logró revalidar las materias sus materias hasta concluir la carrera de profesor normalista.

“Se puso al parejo del grupo, se concentró en sus tareas, y consiguió terminar la carrera en las  materias teóricas, y también en la práctica”, comentó orgullosa.

A partir del sobresalto que llevó por el accidente de su hijo, aquella noche de Iguala, la diabetes detonó en la salud de Marbella.

Mientras tanto, el papá de Edgar, Nicolás, conserva su fuente de empleo en Santo Domingo Zanatepec por compromiso con los padres y madres de sus alumnos, pero también para solventar los gastos por el tratamiento y medicamentos que requiere Edgar.

Al principio recibió el apoyo moral y económico de sus compañeros  integrantes de la delegación del Istmo de la Sección 22 de Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), sin embargo, fue ocasional.

Marbella Vargas Martínez abrió la cuenta 60-5796392-1, en  el Banco Santander, para obtener fondos destinados a Edgar, debido a que su recuperación habrá de prolongarse.

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