Partería, alternativa ante ‘epidemia’ de cesáreas

“Te sientes empoderada, llena de energía”: mujer tras un parto en casa

Notimex

CIUDAD DE MÉXICO. “En 50 minutos me destrozaron la vida y el alma”, señaló Abril, al recordar el día en el que nació su primer hijo en un hospital público.

Ella, como muchas mujeres en el mundo, sufrió lo que llaman violencia obstétrica, práctica en la que se violentan los derechos reproductivos de las mujeres.

Abril, madre de dos hijos, refirió que estaba preparada para la llegada de su primer bebé, al tomar cursos de psicoprofilaxis y contar con información de todo el proceso del parto; sin embargo, al llegar al nosocomio su realidad fue otra.

“Todo iba bien hasta que me canalizaron con oxitocina, ahí me perdieron, cuando deciden por ti y tus expectativas de cómo va a nacer tu hijo te entra la impotencia, pero ya estás ahí”, comenta.

No obstante, las cosas fueron diferentes con la llegada de su segunda hija, quien fue recibida por una partera en su casa y en compañía de su familia, y quedó tan contenta con la manera en la que llegó su hija que quiso volver a vivir una y otra vez la experiencia.

“Te sientes empoderada, llena de energía, a los tres días de que mi hija nació ya estaba caminando, no como con mi hijo, que tardé mucho más tiempo en estar completamente restablecida”, recordó.

En ese sentido, la presidenta de la Asociación Mexicana de Partería, Cristina Lord, explicó que cuando una mujer tiene un parto que sale muy distinto a lo que ella pensaba, ésto le causa una herida emocional.

Detalló que a las mujeres se les niegan los derechos básicos al momento de parir, debido a que no pueden ser acompañadas, tampoco colocarse en la posición en la que se sientan más cómodas, aunado a que no se les explican los procedimientos y se le restringen los alimentos y el consumo de líquidos, entre otras prácticas como la episiotomía.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la NOM-007-SSA2-2016, para la atención de la mujer durante el embarazo, parto y puerperio, dichas prácticas deben ser limitadas y fundamentadas para cada caso.

Según enfermeras del sector público entrevistadas, dichas consideraciones no se realizan debido a la cantidad de mujeres por atender, así como por la insuficiencia de personal y la necesidad de proteger la salud de las madres y de los bebés.

Además, refirieron que a diferencia de los hospitales privados, en los públicos sí se propician más los partos que las cesáreas.

Al respecto, Cristina Lord expuso que la OMS establece que la tasa de cesáreas por país debe ser de entre 10 y 15 por ciento; en el continente americano “hay epidemia de cesáreas”, y a partir de 25 por ciento la tasa de mortalidad materna comienza a incrementar por complicaciones.

“Una cesárea, está demostrado, es más peligrosa para la mamá y el bebé si es un parto de bajo riesgo, lo que puede comprometer la vida de ambos; sabemos que para una madre una cesárea es una cirugía mayor, implica una anestesia y el doble de pérdida de sangre, y en el bebé implica una mayor probabilidad de ingreso a cuidados intensivos en el primer día por problemas de respiración y transición”, dijo.

Además, refirió que de acuerdo con diversas investigaciones, se sabe que la cesárea para los bebés implica en el largo plazo tres veces más de probabilidad de obesidad mórbida, diabetes y enfermedades autoinmunes, como artritis y asma.

Indicó que en la región, con excepción de Canadá, se eliminó del sistema de salud a la partería, lo que deriva en un incremento de cesáreas de alrededor de 40 y 50 por ciento en la zona, lo que además representa a los gobiernos un gasto impresionante en materia de salud, aunado a la sobrepoblación en los hospitales.

Ello, dijo, debido a que no sólo se invierte en realizar una cirugía, sino que en el largo plazo, si una cesárea es injustificada, las mujeres pueden sufrir complicaciones para volver a quedar embarazadas, o bien presentar problemas de placenta previa.

Cristina Lord, quien tiene 19 años atendiendo partos y haber traído a alrededor de mil niños al mundo, señaló que a nivel poblacional, cuando la mitad de un país nace por cesárea, en el largo plazo podría haber problemas de salud pública, las cuales tienen un costo alto para el Estado.

Manifestó que en México se eliminó a la partería del sistema de salud en los años 60 por decreto presidencial, además desaparecieron las escuelas dedicadas a la enseñanza de esta profesión, con lo que las competencias de la partería fueron trasladadas a la medicina general y a la enfermería.

Con ello, dijo, dos profesiones que ya tienen mucho por hacer por la salud de la población también tienen que ser expertos en partos, cuando éstos, si la madre y el bebé son saludables, son un proceso natural que puede ser atendido por parteras, lo que además mitigaría el factor de sobrepoblación en los hospitales.

Señaló que de acuerdo con la Confederación Internacional de Matronas, el organismo internacional que conjunta a las asociaciones de parteras en el mundo, tiene establecido que la partería es una profesión autónoma.

Expuso que una partera sigue la salud de la mujer durante su ciclo reproductivo, atiende partos normales de mujeres de bajo riesgo, de mujeres sanas con bebés sanos, y en el modelo de partería la mujer elige dónde parir.

Puntualizó que en condiciones normales en las que la madre ha tenido un embarazo sano y el bebé viene en buenas condiciones, la partería es un esquema más humano y carente de peligros, pues las parteras cuentan con estudios y certificaciones para atender un parto.

“Lo que hace la Asociación Mexicana de Partería es crear un sistema de certificación para las parteras, crear estándares para la educación de las parteras y fortalecer que la asociación sea un gremio profesional que proteja la profesión”, dijo.

Expuso que el criterio para ser miembro activo de la asociación es ser una partera reconocida por la comunidad, o contar con licenciatura en enfermería y obstetricia, o bien ser enfermera perinatal, partera técnica, autónoma y tradicional.

“La buena noticia del parto en casa y del parto natural es que el bebé nace sano y bien, porque no recibieron anestesia, porque no fueron inducidos, entonces es muy raro que un bebé nazca comprometido en un parto natural”, subrayó.

El parto para una mujer, más allá de ser un evento biológico, es trascendental, es un evento familiar; además, el proceso del nacimiento le acerca al niño a cómo ocurren las crisis, entonces, lo que hace en el cerebro del bebé es una impronta de reacción ante la crisis.

Al respecto, explicó que el contexto emocional en el que nace el bebé es fundamental, lo que la madre y el bebé sienten se traduce en hormonas, cuando se siente felicidad se libera oxitocina.

En contraparte, si se percibe estrés se libera adrenalina, que en exceso y de manera continua puede ocasionar colitis, gastritis y problemas de cicatrización en el largo plazo.

En la partería se entiende a la madre y al bebé como uno solo, las parteras van a la casa de la madre cuando ya el parto está en proceso, por lo general van acompañadas de dos o más parteras para así estar seguras de que tanto la mamá como el bebé estén bien atendidos.

Además, el recibimiento del bebé se hace en un contexto más íntimo y en ningún momento se separa a éste de la madre; está comprobado que los niños que están solos tienen más problemas de salud, con taquicardias y con el sistema inmune más débil.

En cuanto a la violencia obstétrica, la presidenta de la Asociación Mexicana de Partería abundó que aun cuando no existen investigaciones suficientes en la materia, se sabe que algunas prácticas como la realización de episiotomías, revisión de cavidades y la canalización de oxitocina sin ningún fundamento, son dañinas para la salud física y emocional de la madre.

“Cuando hablamos de violencia obstétrica tenemos que hablar de un sistema y no acusar a personas, mirar de qué manera el sistema está ayudando o abandonando a las mujeres”, manifestó.

Agregó que los hospitales atienden más partos de lo que pueden, por lo que es necesario incluir el modelo de partería en el sistema de salud pública para mujeres de bajo riesgo, lo que ayudaría a tener prácticas más humanas y descongestionar las salas de hospital.

“Necesitamos un país, un mundo, donde las mujeres estén fortalecidas, se sientan seguras de que el proceso de llegada de su bebé les ayudó a ser mejores madres”, concluyó.

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