Deportaciones ordenadas por Trump preocupan a mexicanos en Canadá

Notimex

TORONTO. Las recientes amenazas, razias, detenciones y deportaciones en Estados Unidos, bajo el gobierno de Donald Trump, contra inmigrantes indocumentados han despertado preocupación entre mexicanos sin estatus legal en Canadá.

Con más de una década de vivir en Toronto sin documentos migratorios en regla, algunos integrantes de la comunidad mexicana en este país siguen muy de cerca los acontecimientos antiinmigrantes en el vecino país del sur, que nunca fue su “sueño americano”.

Algunos fueron traídos por sus papás en busca de un futuro mejor y heredaron una condición de vida clandestina marcada por el temor de una deportación en cualquier momento.

“Me trajeron a los 17 años, mis papás querían algo mejor para mi hermano y para mí. Pedimos refugio pero nos lo negaron”, dijo a Notimex una mexicana quien prefirió identificarse con otro nombre, “Laura H.”.

Mientras su proceso de refugio estaba vigente pudo realizar estudios y luego trabajar. Aun cuando les rechazaron la petición de asilo, al año y medio, siguió trabajando, pagando impuestos y promoviendo la cultura mexicana.

“Siempre traté de integrarme a la sociedad canadiense, estudiar, tomar talleres, sentirme como si estuviera legal, pero ha sido difícil porque he recibido rechazo hasta de algunos latinos”, agregó esta joven recién casada con un hispano de igual situación.

Hace dos años deportaron a su papá. Luego, su hermano -quien fue denunciado por un conocido- también fue regresado a México. “Llegaron a su casa y lo detuvieron, pero su esposa ya estaba embarazada y ahora realizan los trámites para que él vuelva”.

Define su condición de vida como la de un armadillo porque “no podemos contar nuestra situación a cualquier persona. Hay gente que al tener sus papeles se vuelve discriminatoria con sus compatriotas. He tenido que esconder la situación en la que estoy”, dijo esta mexicana quien se gana la vida en labores de limpieza.

Para el Ministerio de Inmigración de Canadá, ella tiene una orden de deportación, aunque para la agencia de recaudación de impuestos (Revenue Canada), ella es un número social activo que trabaja y paga impuestos cada año.

Por su parte, otra mexicana, “Quetzali”, señaló que hace diez años vino como turista, le gustó el país y decidió quedarse por más tiempo.

“Me ha tocado ver que hacen redadas, han agarrado a muchos amigos míos. El no tener papeles significa que no tienes voz ni voto, si llega la policía a una fiesta uno sale corriendo, si vas en un carro y la patrulla para al conductor uno siente temor”.

A pesar de que en Canadá la policía no está autorizada para preguntar el estatus migratorio de las personas sí pueden pedir una identificación, pero si ven que no la tienen o se ponen muy nerviosos, ahí es cuando los pueden detener.

Quetzali trabaja, tiene cuenta de banco y hasta pudo obtener una credencial de identificación del gobierno de Ontario. Sin embargo, no puede salir del país, dice que prefiere no ir a eventos públicos, como manifestaciones, sino que mantiene un bajo perfil.

“Una vez en el metro me tocó ver cómo un joven le pegaba a otro y la única que tocó la alarma de emergencia fui yo, pero después pensé que me iban a preguntar o a pedir identificación, así que al frenarse el tren salí corriendo, pero me hubiera gustado denunciar lo que pasó”.

Un muchos casos, las personas indocumentadas han tratado de regularizar su situación consultando abogados que los han asesorado mal y sólo les han sacado dinero.

Las entrevistadas, una con estudios de promoción para la salud y la otra de pedagogía, coincidieron en que es difícil regularizar su situación migratoria porque Canadá pide muchos requisitos, por lo que ahora se encuentran en un proceso de solicitar la residencia por razones humanitarias.

Para iniciar este trámite pagaron entre dos mil y tres mil 500 dólares y tendrán que esperar como un año para conocer la decisión. No obstante, este proceso migratorio no las exime del riesgo de poder ser deportadas, una por tener una orden previa de deportación y la otra por haberse quedado después de los seis meses que se da a un turista.

Manifestaron su preocupación de que ahora que los mexicanos ya no necesitan visa para venir a Canadá y con la política antiinmigrante del presidente estadunidense Donald Trump se desate una “cacería de brujas” y que haya más redadas.

“Nos preocupa mucho esta situación. Cuando ganó Trump, en el trabajo me preguntaron que si tenía miedo porque nos iban a perseguir. A todos nos da miedo que esas ideas se vengan para acá”, dijo Laura H.

“El estar sin papeles me hizo madurar, no salgo a fiestas, salgo poco de noche, siempre hay que seguir las reglas. Afortunadamente no está permitido que la policía le pregunte a uno el estatus migratorio, eso me da cierta calma”, agregó esta mexicana que realiza actividades de promoción de la cultura de su país.

Quetzali, quien el año pasado no pudo ir a México al entierro de su padre y también perdió un bebé, comentó que en algún momento pensó en casarse para obtener la residencia canadiense, pero “juntar 15 mil dólares para esto es mucho dinero, aunque conozco amigas que sí lo han hecho”.

Respecto a lo que pasa contra los indocumentados, expresó: “Siento tristeza porque Estados Unidos tiene tierras que le quitó a México, los mexicanos hacen trabajos que los gringos no quieren hacer y mueven la economía. No entiendo por qué son racistas, al final todos somos migrantes porque estas tierras son de los nativos”.

Lamentó que “por un loco” muchos estén dejando la estabilidad que tenían y regresando a México cuando ya habían hecho su vida en otro país.

Por ahora, estas mexicanas siguen trabajando, se mueven casi en la clandestinidad y confían en que el primer ministro canadiense, Justin Trudeau, “nos ayude a que nos quedemos”.

 

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