PATRICIA BRISEÑO

MATIAS ROMERO, Oax. Aún están frescas en nuestra memoria las imágenes de la llegada del periódico a las oficinas del Ferrocarril Nacional de Tehuantepec (FNT). Los que iban dirigidos a los suscriptores eran apartados, y el resto lo recibían los voceadores, comenta Delfina Figueroa Valdivieso, 98 años de edad.

Habitante de esta pequeña ciudad ferrocarrilera, fundada en 1906, la mujer istmeña recuerda claramente cuando en la otrora estación de Rincón Antonio, cuna del municipio de Matías Romero, llegaban los ejemplares del periódico de La Vida Nacional.

Durante aquellos años de bonanza y crecimiento económico  de la región, el ferrocarril fue pieza clave para la salida y entrada de productos al Istmo de Tehuantepec, y de ahí hacia el puerto de Veracruz, para enviarlos al extranjero en barco.

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El tren constituía la más importante vía de comunicación, sus vagones lucían llenos, por ahí se transportaba toda clase de productos: café, madera, ganado, costales de diversos productos como maíz, frijol, ajonjolí. Entre su carga más preciada sobresalían libros, revistas y periódicos.

“Excélsior llegaba un día después de su publicación, 24 horas, por lo que las noticias nos  llegaban frescas. Los ejemplares eran esperados en la corrida del ferrocarril transísmico  que unió los dos puertos del Istmo: Coatzacoalcos y Salina Cruz”, recuerda Joaquín Hernández Valdivieso

Durante un recorrido por la antigua estación de Matías Romero explica que para llegar a esta parte del sureste de país, los ejemplares de Excélsior, junto con otro impresos como El Universal, iniciaban su recorrido en tren alrededor del mediodía de la Ciudad de México a Coatzacoalcos, Veracruz.

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“De ahí transbordaban, y por el mismo medio, algunos eran enviados a los lectores de Salina Cruz, mientras que otros iban dirigidos a los de la zona del Suchiate, Chiapas, frontera con Guatemala”.

El gobierno de Porfirio Díaz impulsor  del ferrocarril en México autorizó a principios del siglo XX que una compañía inglesa instalara en la estación Rincón Antonio sus talleres mecánicos, por ser un punto intermedio entre ambos puertos.

Alrededor de los talleres surgió el primer núcleo de población, que se extendió a lo largo de la vía hacia el norte, en lo que hoy es el municipio de Matías Romero.

Hoy en día esta localidad conserva algunos edificios de sus primeros años, como la estación de ferrocarril y varias casas de campo de estilo inglés.

“De hecho su crecimiento se debió a la migración de personas provenientes de otras partes de la región y del mundo. La localidad se conformó de una amalgama de individuos provenientes de Europa, Asia, África y Norteamérica que aportaron su esfuerzo en la construcción del ferrocarril”.

Doña Delfina recuerda que la empresa  inglesa, asociada con el gobierno mexicano, encargada de construir y reconstruir el ferrocarril, trajo a la comunidad además de servicios básicos, un boliche, un salón de billar, albercas, canchas de tenis, un gabinete de lectura con libros y revistas para los usuarios.

A su paso entre uno y  otro puerto, el tren dejaba ejemplares del rotativo en las paradas intermedias como la de Ciudad Ixtepec (antes conocida como estación San Jerónimo) donde lectores de origen libanes, chino y español seguían las plumas de  nombres eminentes y escritores de universal prestigio.

La historiadora Leticia Reina hace eco de este proceso, en el que la presencia de extranjeros  enriqueció la cultura material de los zapotecas.

“Quizá éste sea uno de los pocos casos en donde el instrumentar un proyecto como la estación de ferrocarril, un proyecto de orden internacional, el grupo indígena local no quedó sometido ni económica ni culturalmente a pesar de la presencia constante de un grupo extranjero”.

Joaquín Hernández Valdivieso, dedicado a rescatar las anécdotas históricas de la antigua estación de Matías Romero opina que la lectura del periódico de más influencia en la opinión pública, era una bonita costumbre.

Delfina destaca en la entrevista que los suscriptores de Excélsior semanalmente recibían la Revista de Revistas donde ella apareció vestida con el traje de novia que usó el día de su boda. El  traje de gala de la mujer zapoteca, de color blanco con acabados en oro.

La Revista de Revistas únicamente se distribuía entre los suscriptores, llegaba una vez por semana junto con el diario, en sus paginas traía mucha publicidad, y artículos de distintos temas.

“Fue un orgullo haber que hayan puesto mi foto entre sus páginas”, dice orgullosa con su rostro iluminado.

Fundada en 1906, la ciudad de Matías Romero acumula una riqueza histórica disimulada por su discreta  presencia entre los acervos documentales que registran el devenir de los pueblos americanos.

La pequeña ciudad ferrocarriles siempre ha estado ligada, como protagonista y testigo, a acontecimientos de suma trascendencia para México.

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