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CIUDAD DE MÉXICO. El doctor Víctor Julián Valdés, de la Universidad Autónoma de México, afirma que el estudio del genoma humano puede llevarnos a descifrar por qué se desarrollan algunas enfermedades para después implementar tratamientos específicos y mucho más eficaces contra estos padecimientos.

En 2012, la doctora Diana Guallar, de la Universidad de Santiago de Compostela (España), convocó a 25 especialistas y nueve instituciones de Estados Unidos, España, China y México para explorar por qué cada célula de nuestro cuerpo comparte el ADN y aunque todas poseen la misma información, ésta no se expresa de manera idéntica.

“Ello hace posible que sean de riñón, páncreas o cerebrales cada célula realiza funciones muy específicas debido, parcialmente, a que la cromatina (el conjunto del ADN y proteínas en el núcleo celular) está “empaquetada” de distintas maneras en los diversos tipos de células del organismo humano.

En cada tipo de célula se activan o apagan ciertos genes; por ejemplo, en las neuronas sólo los neuronales están encendidos, mientras que en los de piel, hígado o hueso permanecen inactivos.

De manera global, se le llama “epigenoma” a todos estos cambios y modificaciones químicas en la cromatina.

Con este hallazgo, el profesor Víctor Julián Valdés, del Instituto de Fisiología Celular de la UNAM(integrante del equipo multidisciplinario de investigación), alerta que casi de la mitad del genoma humano está compuesto por secuencias repetidas que, en su mayoría, son material genético proveniente de virus y retrovirus que alguna vez infectaron a una célula. “Se ignora si tienen alguna función, aunque la comunidad científica sospecha que sí”, detalla.

Para llevar a cabo esta labor, el equipo internacional trabajó con células embrionarias totipotentes mediante técnicas bioquímicas, genómicas y proteómicas, apoyadas por el uso de mutantes, rescates y la edición genética mediada por CRISPR/Cas9, a fin de descifrar cómo incide la TET2 en la cromatina.

“Es una indagatoria novedosa que intenta esclarecer los mecanismos moleculares que dirigen TET2 a sus distintos blancos en el genoma. Entender qué proteínas y procesos orquestan el epigenoma es una de las grandes preguntas de la ciencia moderna”.

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