Citlalli López

OAXACA, Oax. La deserción escolar puede ser causa y consecuencia del trabajo infantil. Una vez que una niña, o niño por alguna razón deja los estudios, es probable que ante la falta de oportunidades de desarrollo se vea en la necesidad de realizar alguna actividad nociva para su salud o que limite sus espacios de recreación y descanso, lo pongan en riesgo y disminuya la posibilidad de retomar su educación.

Por lo anterior, en el marco del regreso a clases, Carlos Camacho, coordinador de Políticas Públicas del Programa Campos de Esperanza, operado por Skanda  reconoció la labor trascendental de los docentes para que la niñez y adolescentes en situación de riesgo o trabajo infantil pueda permanecer en la escuela y aprender habilidades para la vida que contribuyan en  su sano desarrollo y proyecto de vida.

Aun cuando se ha avanzado en la cobertura escolar a nivel básico, las condiciones y posibilidades de aprender no son las misma para toda la población infantil. Es en la etapa entre 5 y 12 años cuando hay mayor riesgo de trabajo, principalmente quienes viven en un contexto de pobreza y marginación.

En este sentido, recomendó al personal de las instituciones educativas poner atención a ciertos rasgos que podrían representar alguna situación de trabajo infantil, como son heridas que pudieran ser provocadas por herramientas, cansancio excesivo, escasa motivación para continuar los estudios y bajo rendimiento escolar.

El factor de género, agregó, es importante ya que es muy común entre niñas y adolescentes mujeres que realicen desde una edad temprana actividades domésticas y de cuidado, con o retribución económica dentro de su hogar o en casas ajenas.

Esto, además de representar riesgo a su salud y seguridad, las puede exponer a otras situaciones de violencia o abuso.

No todas las actividades representan el trabajo infantil, la diferenciación es importante y puede ser realizada por docentes y autoridades escolares, señaló.

En primer momento, recomendó revisar las actividades que realizan según su edad y el riesgo que puede representar, verificar los periodos de descanso de los que dispone y el desempeño educativo, conversar con madres y padres sobre la importancia de que sus hijas e hijos concluyan sus estudios y respecto a las consecuencias que el trabajo  les puede generar.

Además, es recomendable vincularse con autoridades municipales o estatales para acercar programas que pudieran apoyar a la economía familiar a través de becas y en casos de daños la salud física y emocional hacer la canalización a instituciones que dan atención a la niñez.

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