Las bibliotecas móviles logran que niños y niñas expresen su creatividad y despierten su gusto por la lectura

Patricia Briseño

OAXACA, Oax. Con una década de trabajo detrás, las bibliotecas móviles “ando leyendo, leyendo ando” son una historia inacabada; una historia que la escriben niños y niñas oaxaqueños, a partir de las lecturas en voz alta, que un grupo de promotores les acercan a sus comunidades y barrios.

Abordo de cuatro camionetas, el grupo de promotores cruzan por la caprichosa orografía de las regiones de la Sierra Norte, Mixteca e Istmo animando a  pequeños, y también a los adultos acercarse –en forma divertida y amigable—a historietas, cuentos, fabulas y poemas, teniendo como escenario la sombra de un árbol, el piso del corredor del Palacio Municipal o el salón de usos múltiples.

De unos años a la fecha,  los usuarios han recibido animosos el telescopio para observar las estrellas, un microscopio y un proyector de  películas. Se ha logrado la vinculación efectiva entre la comunidad.

Sin embargo, las medidas recomendadas por las autoridades sanitarias tras la aparición del COVID-19 obligó al equipo de las bibliotecas móviles, de la Fundación Alfredo Harp Helú de Oaxaca ( FAHHO), suspender temporalmente las visitas, por lo que actualmente los promotores aprovecha el tiempo para renovar el acervo de dos mil libros que cargan en cada una de las camionetas de “ando leyendo, leyendo ando”, además de  sanitizar el material didáctico y el mobiliario.

 “La suspensión de los recorridos en campo, es una oportunidad para reinventarnos. Un corte de caja. Explorar medios de comunicación sociales para contagiar el ánimo por acercarse a nuevas audiencias, de México y el mundo”, mencionó Socorro Bennets Fernández, directora de Proyectos Educativos y Culturales de la FAHHO. 



BROTES EN EL ALMÁCIGO:

Miguel, 8 años, Nochixtlán.

“¿Qué es la poesía? Brincar en las letras y las palabras”

Una vez que pase la  emergencia sanitaria e indiquen las  nuevas formas de trabajo colectivo, el equipo de promotores retornarán a las comunidades lectoras, cultivadas durante más de una década.

 “Se trata de asegurar que todas las niñas, niños y adolescentes tengan la misma oportunidad de acceder a los bienes y servicios culturales a que tienen derecho”, subrayó Bennets.


Las bibliotecas móviles, “ando leyendo, leyendo ando” no han perdido su esencia desde su nacimiento a la fecha. Niños y niñas eligen una lectura colectiva, después platican lo que entendieron, mientras que otros, prefieren escribirlo.


“Al mes, las cuatro bibliotecas atienden directamente a ocho mil personas, desde la primera infancia hasta adultos mayores. Se han conformado comunidades lectoras”, resumió la responsable de este servicio gratuito .

 BROTES EN EL ALMÁCIGO:

Esmeralda, 11 años, Tequistepec

“¿Qué es el respeto? El respeto es una persona que no maltratan, como a mi mamá”

A través de este servicio auspiciado por la sociedad civil,  niñas, niños y adolescentes  han logrado inspirarse para plasmar lo que viven en casa, en el barrio, en la escuela y en la localidad, un proyecto insipiente que los promotores y Bennets Fernández  nombraron: “Almácigo, escritura comunitaria”.
 
“Almácigo, es un semillero de talento. Reúne las historias que los usuarios trabajan después de una lectura, incluyendo, las de denuncia y miedo. Niños que revelan momentos de acoso sexual, temores por el avance de la delincuencia organizada en su comunidad, sororidad con sus madres por la violencia en el hogar”, resumió.

Pero, gratamente, también escriben poesía, cuento y narración en lengua materna; historias de éxito por el contagio de la lectura y el gusto por la literatura en niñas, niños, jóvenes y adultos.

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