Juan Peréz Audelo/ Columna

De no haber cambios, este martes el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, habrá de rendir su Segundo Informe de Gobierno, en el que dará cuenta del estado que guarda la administración pública federal a su cargo. Este evento republicano se realizará, cuando el país se encuentra lacerado por una pandemia que se ha llevado a la tumba a más de 64 mil mexicanos y con más de medio millón de contagiados.

Más allá de logros o pendientes; de avances o retrocesos; críticas o apologías, la rendición de cuentas de un año más de gestión, se da, además, en un entorno de descrédito de la política; de la difusión de videos que salpican podredumbre por doquier y hacen presumir que, aquí nadie está a salvo: ni los corruptos de la mafia del poder que saquearon al país, ni aquellos que se ha asumido ex officio, como los depositarios de la moral pública.

La llamada Cuarta Transformación ha traído también una carga negativa hacia los medios de comunicación. La prensa ha sido estigmatizada. Algunos periodistas no sólo han sido exhibidos, sino satanizados. La libertad de expresión vive uno de sus peores momentos. Cuando en el mundo los medios impresos, electrónicos y digitales asumen un papel protagónico, aquí un despistado legislador del Movimiento de Regeneración Nacional –Morena- por la Ciudad de México, propuso criminalizar la labor periodística.

México, definitivamente tiene que ver hacia adelante. Los retos por venir no son menores. Pretender culpar de todos los males al pasado y creer que este régimen será la panacea, es demagogia pura. Animar el encono y el odio entre los mexicanos y no la unidad, más tarde que temprano mostrará sus efectos perniciosos. Hay que ver hoy mismo, en que lejos de dar alternativas para paliar los efectos de la pandemia, se instalan mesas para enjuiciar a los ex presidentes.

Que se les lleve a juicio, sí, pero que ello no vaya en detrimento de la agenda nacional ni que sirva como distractor mediático o electorero. El crecimiento negativo en la economía y asuntos tan graves como la falta de medicinas para los niños con cáncer, no son temas superficiales. Son asuntos que pueden devenir un boomerang para el bono democrático que le otorgó el pueblo mexicano al actual gobierno.

Por fortuna, en Oaxaca hay esperanzas de que, durante la actual administración federal se concreten algunos grandes proyectos, como las súper carreteras a la Costa y al Istmo, así como el Corredor Interoceánico, que se han visto como un acto de justicia para nuestro estado y un aliciente a nuestra marginada entidad. Esperemos que no sea un espejismo más, como el que hemos padecido desde hace muchos años.

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