Juan Pérez Audelo/ Columna

El pasado lunes 24 de agosto, fue asesinado Tomás Martínez Pinacho, dirigente del Frente Popular Revolucionario en Miahuatlán de Porfirio Díaz. Este crimen se inserta en una cadena de homicidios, de evidente corte político, que se han dado en dicha población en los últimos tiempos. Desde los años sesenta –si la memoria no nos falla- este lugar histórico, en donde el general Porfirio Díaz derrotó al mejor ejército del mundo, el francés, el 3 de octubre de 1866, salvo períodos breves de paz, ha vivido entre venganzas y ajustes de cuentas.

Si bien es cierto que serán las autoridades quienes desentrañen los móviles de este crimen, la política local ha estado permeada por la muerte de enemigos o adversarios. Ello se ha exacerbado con la aparición de organizaciones sociales de corte radical y dirigentes que, en lugar de unir, han enconado más a una sociedad miahuateca cada vez más polarizada. Y ello se ha reflejado en una población, presa de la inseguridad y la zozobra.

La mala fama que de manera injusta le han acuñado a Miahuatlán, ha traído consigo problemas colaterales. Ahí opera un penal federal de mediana seguridad, un penal estatal, una zona militar. La llegada masiva de personas de otras partes del país, ha socavado su identidad cultural. Las tradiciones ancestrales sobreviven de cara a una nueva realidad social. Nuevos hábitos, muchos vicios. El crecimiento de la mancha urbana exhibe anarquía y una falta total de planeación.

La corrupción en las gestiones municipales, ha dado lugar a la irrupción de movimientos ciudadanos, que han cuestionado la falta de obras, la nula rendición de cuentas y la opacidad en el ejercicio del gasto público. Hay que ver sólo el estado físico de calles y avenidas, para darse cuenta que el saqueo del erario, parece ser el sino de cada trienio. Lugares que hace cincuenta años eran sitios de reunión, iluminados, llenos de vida, hoy son sitios sórdidos, desangelados y fantasmales.

Pero no todo es negativo. Hay jóvenes que se han formado en las universidades, con talento, con vocación de servicio, pero que ven con recelo una política de vendettas, de clanes locales y foráneos, que al final del día son los mismos. ¡Qué tiempos, aquellos breves períodos de paz, para celebrar las fiestas de mayo, octubre o las de Muertos, antes de que ideologías forjadas en una falsa reivindicación social llegaran a permear! Este pueblo histórico merece otro destino. Pero primero, superar la discordia y violencia, que han sido factor elemental de atraso

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