EL COMENTARIO DE HOY

Juan Pérez Audelo/ Columna

De este tema ya hemos hablado. En Oaxaca, más que en otras partes del país, hay una industria muy desarrollada y, ciertamente, muy rentable: la industria del chantaje. Según fuentes oficiales hay más de 350 organizaciones sociales, cuyos dirigentes, la mayoría, no trabajan. Es decir, no tienen un empleo como usted o como yo, en el que hay que cumplir horarios o cuotas de la chamba, sino que se la pasan de tiempo completo armando movilizaciones, bloqueos o entrando y saliendo de oficinas de gobierno, presionando o intimidando a funcionarios, con exigencias y demandas.

La mayoría se asume depositario de las necesidades de campesinos, obreros, comuneros, colonos y hasta de comunidades. Obviamente, nadie les otorgó un cargo de manera oficial. Son, en otras palabras, redentores sociales que viven de abanderar las demandas de otros. Desde que inició esta industria, vemos con frecuencia que exigen obras sociales, apoyos económicos, programas para el campo y un sinfín de peticiones. Pero lo que piden sus dirigentes, detrás de los grupos o comunidades a los que dicen representar, son obras, en las que meten a sus empresas constructoras, formadas ex professo y aprovechando, justamente, esa “lucha social”, que dicen abanderar.

Como en el 2006, igual que como operó la Sección 22 y la tristemente célebre Asamblea Popular del Pueblo de Oaxaca –la APPO- quieren una bandera permanente. Y son los mártires, sus líderes muertos, por un lado, como es el caso del Frente Popular Revolucionario, el FPR; o los delincuentes del orden común, presuntos feminicidas como en el caso de CODEP. Esto es, para presionar al gobierno y obtener sus dádivas, no importa el móvil. Lo que interesa es sacar raja. En una carta, Marx, en el último tercio del Siglo XIX, se lo decía a su amigo, Kugelman: no es de relevancia si es justo o no, lo que importa es meter ruido.

No se trata de poner en tela de juicio la libre expresión, que hay que defender. Lo ético es develar las complicidades y poner en tela de juicio esos métodos acartonados y perversos para poner al pueblo contra la pared, teniendo detrás un interés pecuniario o político. Hay luchadores genuinos, lo sé. Pero también hay una especie vividora, falsa y mercenaria.

En mi opinión, nada, absolutamente nada justifica bloquear, mucho menos saquear vehículos de mercancías y conculcar los derechos civiles, haciendo a la sociedad rehén del interés político o de los artificios ocultos de dirigentes o manipuladores sin escrúpulos. Lo reitero sin cortapisas: Oaxaca jamás saldrá del atraso y la marginación, en tanto se siga permitiendo desde el poder público, esta escalada en contra de la sociedad inerme. Nuestro deber es desenmascarar a esos falsos redentores sociales y quienes, con el argumento que sea, atentan contra el Estado de Derecho.

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