EL COMENTARIO DE HOY

Juan Pérez Audelo/ Columna

Este tres de octubre se cumplen 154 años de la gesta heroica de la Batalla de Miahuatlán. Si habremos de reconocer hechos de armas importantes durante la Guerra de Intervención, ésta fue significativa y emblemática. El General Porfirio Díaz la reconoció en sus “Memorias”, como la batalla más estratégica de las que libró durante ese período de la Historia de México. Y es importante recordarlo, habida cuenta de que hay en el imaginario colectivo, una especie de amnesia histórica.

En lo personal deploro de los mitos y arquetipos en la historia nacional. De la visión maniquea de los héroes y los villanos. De la formación o deformación de los hechos históricos y la estigmatización de algunos personajes, que hay quienes pretenden arrumbar en el basurero de la historia.

Los biógrafos del general Díaz, como James Garner, José C. Valadés, François Xavier Guerra o los críticos de su época, como Francisco Bulnes u otros, han reconocido o reconocieron en su momento, el genio militar de quien fue reconocido como El Soldado de la Patria, además, su profundo amor a México. Pedro Ángel Palou, en su obra “Pobre patria mía” rememora, de manera novelada, los últimos días del general en el exilio; sus padecimientos y su nostalgia por el solar oaxaqueño. Rafael Tovar y de Teresa, nos narra también en su libro, “El último brindis de don Porfirio”, su obsesión por el orden y el progreso.

En Miahuatlán de Porfirio Díaz, según trascendió desde la semana pasada, los actos tradicionales, como la cabalgata a la Pilastra, en donde se encuentra una especie de tumba a los soldados que ahí perecieron, del bando mexicano o francés y otros actos populares, fueron suspendidos. En efecto, la contingencia sanitaria ha sido determinante. Pero hoy, que mucha gente se ha avecindado ahí, sin tener los antecedentes históricos de donde viven, es bueno recordarles que, en los anales de la Guerra de Intervención, esta población jugó un papel relevante para el restablecimiento de la República.

Más allá de controversias y diferencias de opinión, que respeto y reconozco, como oaxaqueño, espero que algún día se le haga justicia al general Díaz. Para ello habrá que romper paradigmas y juicios históricos superficiales. Y también habrá que despojarse de mitos y tabúes, con los que algunos héroes nacionales han sido descalificados. Curiosamente, uno de sus grandes anhelos, el Ferrocarril Interoceánico, que Díaz inauguró en 1903, cobra vigencia a más de un siglo. Son las paradojas de la historia.

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