EL COMENTARIO DE HOY

Juan Pérez Audelo/ Columna

La Universidad Autónoma “Benito Juárez” de Oaxaca (UABJO), vive hoy un serio desafío. El período estatutario del rector Eduardo Bautista concluyó en mayo. Sin embargo, justamente por la contingencia sanitaria que vivimos, su gestión se ha prolongado. Sin duda con la anuencia del Consejo Universitario, máximo órgano de decisión. Hasta los dirigentes de los seis o más sindicatos que históricamente han ahorcado a nuestra Alma Mater, validaron dicha medida.

La UABJO no ha podido remontar el rezago que la ubica en el mapa de la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior –la ANUIES- en uno de los últimos lugares en desarrollo académico e investigación en el país. Porrismo, cacicazgos, sindicatos y verdaderas cofradías, la han exprimido a placer. Y no es nada nuevo. Desde principios de los setentas ha sido vista como botín político más que como semillero de enseñanza y formación.

Hoy mismo atraviesa por una seria crisis financiera, nada fácil de revertir. Durante todo el año, penden sobre la cabeza de la institución demandas insatisfechas de orden laboral y financiero. Los sindicatos presionan para mejoras salariales y cargos en la administración, en disputas con caciques y grupos que tienen medio siglo lucrando son su presupuesto. Familias completas –o más bien, generaciones- están ahí, perviviendo de los magros recursos universitarios.

Tampoco es algo nuevo que la UABJO ha despertado la tentación autoritaria que busca imponer rectores, desde las altas esferas del poder público, con pactos secretos y complicidades. A veces con aspirantes o candidatos que no han hecho vida docente ni de investigación en sus aulas. Con factores externos sin compromiso alguno; con enclaves políticos que, si bien algún día pasaron por sus aulas, hoy están permeados por el desarraigo.

Insisto: la Máxima Casa de Estudios de los oaxaqueños debe refundarse; volver a sus orígenes; restituir su vocación de docencia y formación. Debe sacudirse esa gravitación que la ha perfilado como botín político; como territorio de disputa de partidos; como rehén de sindicatos, caciques y mafias que, de manera absurda, se asumen sus propietarios.

La institución que hoy alberga a cerca de 30 mil estudiantes de diversas carreras, jóvenes que han tocado sus puertas para poder superarse, debe reencontrar su camino y darle a Oaxaca, generaciones de profesionistas calificados, forjados en las aulas y la academia. Y que sean los mismos universitarios los arquitectos de su propio destino y defensores a ultranza, no sólo de la autonomía, que suele ser una ficción, sino para que la institución encuentre el camino del orden, la trasparencia y la legalidad.

No hay comentarios

Dejar respuesta

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.