EL COMENTARIO DE HOY

Juan Pérez Audelo/ Columna

En lo personal, celebro que el asunto de la toma de casetas de peaje, ya sea un tema de debate en los medios de comunicación, a nivel nacional y se haya exhibido, como un modus vivendi de grupos y organizaciones, que dicen tener un objetivo social. Si bien es cierto que es un rubro que debe atender el gobierno federal, que tiene bajo su responsabilidad las vías generales de comunicación, hay gobiernos estatales que ya le están entrando. Morelos, por ejemplo.

En Oaxaca, la toma de las casetas de Huitzo, Suchixtlahuaca o Ixtepec, ya es un gran negocio de maestros, normalistas, comuneros y falsos redentores sociales. Es cuestión de imaginar a cuánto asciende la bolsa de las cuotas forzosas a automovilistas y transportistas, en dos, tres o diez horas en que estas personas logran en cada caseta. La falsa lucha social convertida en atraco carretero.

Esto para nada puede interpretarse como libertad de expresión. Es un vil y vulgar atraco, que se exacerba en temporadas vacacionales. A veces hasta disputa hay por el botín, ante el agandalle de grupos ya cebados en este ilícito, frente a otros que no son tan duchos en el arte del asalto a automovilistas, que vienen con familia y son amenazados con palos o machetes, para que paguen. El asunto se ha pervertido tanto que hasta comunidades que tienen alguna petición que el gobierno estatal no les ha resuelto, ya le entran al negocio.

El tema es que este delito tiene que acotarse. Se habla de complicidades tanto de elementos de corporaciones policiales como de administradores de las mismas casetas, con los grupos que llegan a asaltar. Aún se investiga. Pero la toma de casetas de peaje representa, además, una pésima imagen al turismo que, a cuenta-gotas nos visita. Es una especie de anuncio de bienvenida. Lo importante es que, como decimos al principio, algunos medios nacionales ya han puesto el tema en el ámbito del debate público.

Como remanente de ello, hay que apuntar el infierno que viven los pobladores de Asunción Nochixtlán, desde aquel infame 19 de junio de 2016. Sorprende que un grupo reducido de supuestas víctimas o sus representantes, cierren la carretera Oaxaca-Cuacnopalan, cada que se les antoje. Y hacen exactamente lo mismo, con una variante: aprovechan el bloqueo carretero para despojar a dichas unidades de su carga y llevársela. Todo ello ante la mirada complaciente de fuerzas estatales o federales. Sería bueno que legisladores, tanto locales como federales dejen atrás sus fijaciones ideológicas y pongan por encima de todo, el Estado de Derecho y la exigencia ciudadana de transitar en paz por las carreteras del país.

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