EL COMENTARIO DE HOY

Juan Pérez Audelo/ Columna

El próximo fin de semana celebraremos de una manera inédita, los días dedicados a los muertos. La emergencia sanitaria ha obligado a las autoridades a decretar medidas enérgicas para prohibir visitas a los panteones, concursos de altares, calendas, comparsas y todo aquello que, en épocas normales, eran un derroche de alegría y folklore. Es, sin duda alguna, un duro revés a una de nuestras tradiciones religiosas más arraigadas en la conciencia colectiva de los oaxaqueños.

Pero también es, sin discusión, un fuerte golpe a la economía de miles de familias que viven de esta temporada, ya de por sí vulnerada por siete meses o más, de restricciones y limitaciones a la actividad comercial. La semana pasada, el ayuntamiento de la capital prohibió la instalación de puestos en inmediaciones del Mercado de Abastos. Y no sólo es en la capital. También en otras poblaciones se han prohibido los días de plaza, la instalación del baratillo para la venta de ganado, fiestas patronales, convites y otros. Obviamente, hay quienes no se ha apegado a estas nuevas reglas.

Cada año, miles de paisanos que radican en el Norte del país o en los Estados Unidos de América arriban al terruño, a pasar la fiesta de Muertos. Son aquellos que con sus remesas son eje importante de la supervivencia de sus familias. Sin ellas, podemos tener la certeza de que la pobreza tendría efectos más crueles. Sin embargo, estamos ciertos de que este año será diferente. Los efectos letales de la pandemia han obligado a la mayoría a actuar con madurez y cordura. Salvo los escépticos que siguen con la idea de esto es un artificio, la mayoría estamos conscientes de vivir bajo un grave riesgo.

Desde la semana pasada, Oaxaca rebasó los 20 mil casos positivos de contagio y alcanzó más de los 1 mil 600 decesos. Son cifras preocupantes que no pueden soslayarse. Si bien es cierto que, como lo reconocieron las autoridades, hay aún más de cien municipios libres de contagios, también es cierto que, en esta emergencia, han perdido la batalla contra el Covid-19, decenas de médicos y personal sanitario que están en la primera línea de combate al mal.

Los efectos de la pandemia, además del sentimiento, el dolor y la muerte, han sido brutales. Sólo los necios y obtusos creen que nuestra recuperación económica es cosa simple. Si en aquellos países que tienen un superávit importante, como Alemania, por ejemplo, las expectativas en un futuro cercano se advierten inciertas, ya podremos en México poner nuestras barbas a remojar para lo que viene. Pero por hoy, lo más importante, es salvaguardar nuestra vida y las de nuestros seres queridos.

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