Patricia Briseño

OAXACA, Oax.,  Hace 110 años los habitantes de la  ciudad de Oaxaca sufrían la aparición de una epidemia de tifo, surgida un año antes, al parecer en la Sierra Juárez, pero que rápidamente se propagó hasta ocupar la totalidad de la región de los Valles Centrales de Oaxaca.

“Las condiciones de insalubridad que imperaban en muchas comunidades, las cuales en gran medida fueron atribuidos a la pobreza, así como a la falta de servicios básicos y obras de saneamiento, detonaron en infecciones, como el brote de tifo transmitida directamente de la rata al hombre, y el piojo o pulga se encargaba de difundir la infección en forma epidémica”, refirió Jorge Bueno Sánchez, cronista de la ciudad de Oaxaca.

 “En este caso, el contagio entre personas podía ocurrir por las vías de la mucosa bucal, nasal y ocular”. 

 Detalló que la epidemia afectó  la vida cotidiana de los citadinos en un entorno de gran desasosiego social, por el tifo y otras enfermedades infecciosas, como la viruela y la escarlatina que “día con día eran causa de un número indeterminado de muertos” .

De ahí que el Honorable Ayuntamiento, encabezado por el presidente municipal, Carlos Bonavides se alarmó ante el avance del brotes de tifo, por lo que los médicos advirtieron de este problema e iniciaron las inspecciones a distintos barrios y colonias por donde reportaban casos virulentos de la enfermedad.

Por esta razón, el 19 de octubre de 1910, en la víspera de la solemnidad de Todos los Santos y la conmemoración de los Fieles Difuntos, la autoridad dispuso restricciones en los lugares públicos, como una medida para paliar la propagación; el ordenamiento se dio a conocer a los capitalinos a través de avisos pegados en cada esquina. 

 “Para evitar  la difusión de enfermedades contagiosos que actualmente dominan en esta capital con carácter de epidémicas, y siendo un medio de propagación de dichas enfermedades  la aglomeración de personas en los panteones , el Honorable Ayuntamiento ha ordenado, por acuerdo del día 17 del mes en curso, que no se permita la entrada  en aquellos durante los días 1 y 2 del próximo Noviembre, sino a las personas que acompañen a los cadáveres  que sean conducidos para su inhumación”

Bueno Sánchez mencionó que otras de las medidas aplicadas para evitar los contagios fue que en mercados y plazas, el comensal tenía que romper el plato y vaso que hubiera usado al ingerir sus alimentos. Por cierto, una tradición que aún se conserva en los puestos de venta de buñuelos, durante las fiestas patronales.

 De acuerdo con el cronista, el presidente municipal Bonavides se propuso lograr el confinamiento y así evitar la diseminación del contagio. “Sin embargo, la medida no consiguió gran cosa pues el traslado de enfermos de tifo y enfermedades infecto contagiosas saturó los hospitales de la Caridad; San Cosme y San Damián y, también el General, a un costado del convento de San Francisco (hoy, calle de Bustamante, en el centro histórico)”.  

 Según el libro “Contribución a la historia de la epidemia de Tifo, que invadió la ciudad de Oaxaca  “, escrito por el doctor Ramón Pardo, eminencia médica de la época “ la primera ola de contagios cobró la vida de unas 400 personas, mismas que fueron enterradas en el Panteón Municipal  de San Miguel. Los cuerpos quedaron en la fosa común, por recomendación sanitaria”.

“Un año después, en el rebrote,  fallecieron al menos 700 personas , lo que es una cantidad considerable para una ciudad de Oaxaca entonces con 18 mil habitantes”, subrayó.

 “Oaxaca, ha sobrevivido a varias pandemias como el tifo y la fiebre amarilla”, que en su momento, cobró la vida de la hija del Presidente, Benito Juárez, así como la del padre de Porfirio Díaz, y lo que llevó a estos gobernantes a impulsar  los primeros reglamentos sanitarios en materia de enfermedades contagiosas, para Oaxaca y  México”, concluyó el cronista y escritor. 

 

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