Juan Pérez Audelo/ Columna

Desde el inicio de la actual administración federal, en el territorio nacional se han dado barruntos de división y encono. El régimen del presidente López Obrador emanó de un proceso electoral democrático e indiscutible. Nadie lo puede negar. Sin embargo, alguien dijo que, en política, la forma es fondo. No es echando la cinta atrás de manera permanente o cifrar el mensaje al pueblo de México recordando agravios, como se puede consolidar la transformación, sino a través del diálogo, el entendimiento y la conciliación.

La semana pasada, los gobernadores de diez estados del país, lanzaron un ultimátum al gobierno federal ante los desequilibrios y disparidades que existen en el Presupuesto de Egresos de la Federación y en el Pacto de Coordinación Fiscal, para 2021, respecto a los recursos que se habrán de canalizar a cada entidad. Consideran que es injusto. Que de cada peso que aportan les devuelvan minucias. En defensa de su soberanía, han mantenido vigente la amenaza de separarse del Pacto Federal.

Aunque no faltan los obtusos que le apuestan a la confrontación, no es un tema menor. Romper la unidad nacional es vulnerar la fortaleza histórica de México como Nación. Es darle la espalda a aquellos que murieron en las luchas del Siglo XIX y XX, para consolidar la unidad de la República. Sin embargo, aunque ya se abrieron canales de entendimiento, el tema fue minimizado por el gobierno federal, con argumentos vagos y ofensivos.

Los gobernadores de siete estados afines al llamado gobierno de la Cuarta Transformación, también hicieron lo propio. Descalificaron a sus homólogos de la Alianza Federalista, acreditándoles afanes electoreros y etiquetas partidistas. ¿Y Oaxaca? Aunque pudiera considerarse tibieza o indefinición, es evidente nuestra dependencia de la Federación. Nuestro estado no puede sobrevivir con sus propios medios, hablando desde el punto de vista presupuestal. Pelearse con la Federación, creo, sería una especie de suicidio, más aún cuando están en vías de concretarse grandes proyectos como las carreteras a la Costa, al Istmo y el Corredor Interoceánico.

Sin hacer apologías, sin quemar incienso, el discurso del ejecutivo estatal en torno a la unidad nacional, el llamado a la cordura y a la conciliación, en momentos cuando el peligro en ciernes con una posible batalla legal y riesgo de fractura, sigue minando nuestras raíces de identidad más profundas, no sólo fue oportuno sino de profundo rigor nacionalista. México es una gran Nación. Nuestro espacio vital. Ojalá que también acusen recibo quienes hoy tienen el timón de mando en el gobierno federal.

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