EL COMENTARIO DE HOY

Juan Pérez Audelo/ Columna

El pasado 25 de octubre entró en vigor la Ley sobre residuos sólidos. La citada norma contempla prohibir y sancionar la venta o distribución de envases producidos con tereftalato de polietileno, es decir, del llamado PET, para un solo uso. A partir de dicha fecha quedaría prohibida la venta de refrescos o agua, en recipientes de plástico, tan comunes en el consumo del vital líquido o bebidas gasificadas.

Hace poco más de un mes, en medio de controversias, se aprobó la llamada Ley Chatarra, que también prohíbe la venta a menores de edad, de bebidas y alimentos con alto contenido de calorías. Con poca claridad, la citada norma fue teniendo cambios, es decir, después de ser aprobada, empezaron a surgir las contradicciones. Ambas han sido propuestas por la bancada del Movimiento de Regeneración Nacional, el partido mayoritario en el Congreso local.

En circunstancias diferentes a las de hoy, posiblemente muchos habríamos de aplaudir la visión de nuestros legisladores en torno a la protección de la salud y el medio ambiente. ¡Vaya!, defensores del entorno ecológico, de la comida vegana y saludable; consumados ambientalistas, que se han nutrido de información sobre el cambio climático y sus efectos. Sin embargo, nada tan inoportunas en momentos cuando la pandemia ha hecho estragos en la economía. 

Pero no hace falta ser un erudito para observar ciertas inconsistencias y doble discurso en esta defensa a ultranza de la naturaleza. Mientras nuestros legisladores aprueban y aprueban leyes, allá en las cúpulas de poder público, la tendencia es todo lo contrario. Y es el tema de las energías en donde se pone de manifiesto esta doble moral. Hay una escalada brutal para que México siga dependiendo para la generación de energía eléctrica, de hidrocarburos y carbón mineral, es decir, de elementos fósiles.

En el país se advierten negros nubarrones, en el ámbito diplomático y multilateral, por la constante descalificación y amenazas legales, hacia las empresas que han invertido en el país para la generación de energías renovables, como la eólica o la solar. Así, mientras el mundo voltea a éstas para hacer frente al cambio climático, aquí vamos al revés. Consumir millones de toneladas diarias de carbón para que la Comisión Federal de Electricidad, puede satisfacer la demanda de millones de mexicanos, de energía eléctrica. Si hay algo de congruencia entre nuestras lumbreras legislativas, ¿por qué no apoyar la generación de energías limpias, de las que Oaxaca es pionera a nivel nacional? En política, no hay nada que ofenda tanto la inteligencia de los mexicanos como el doble discurso y la doble moral.

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