EL COMENTARIO DE HOY

Juan Pérez Audelo/ Columna

La lucha contra la corrupción se ha convertido en el actual régimen federal en una especie de enajenación. Sin embargo, la protesta de algunas comunidades indígenas, ponen dicha política en tela de juicio. Han denunciado el cobro de “moches” en el programa de caminos rurales. Ello implica que, en ciertos segmentos del gobierno de la Cuarta Transformación, se siguen los viejos parámetros de los gobiernos neoliberales. Se mira la paja en el ojo ajeno, pero no la viga en el propio, dice un dicho popular.

La desaparición de 109 fideicomisos, entre ellos, el Fondo Nacional para Desastres Naturales –el Fonden- por parte de un Congreso federal, sometido al ejecutivo, está mostrando con toda su crudeza, que los afectados siempre serán los más pobres. Es el caso de Tabasco, paradójicamente tierra del presidente Andrés Manuel López Obrador, que ha estado padeciendo los estragos de las lluvias y los desfogues de presas. Pero en el discurso oficial, la tragedia tiene un fondo: la corrupción del pasado, no los golpes impredecibles de la naturaleza.

En Oaxaca tenemos pendientes de los sismos de 2017. Hay aún damnificados que nunca recibieron apoyo de la Federación. Hay decenas de monumentos históricos que siguen esperando mejores tiempos, pues si la rehabilitación se esperaba para uno o dos años, tendrán que esperar más tiempo. Y qué decir de los afectados de la Sierra Sur, en los Ozolotepec, San Mateo Piñas y otros municipios lacerados por el sismo del 23 de junio de este año. Desconozco el estatus de los avances de la reconstrucción.

Dejar caer sobre los más pobres la responsabilidad de aquellos que usaron los fideicomisos para beneficio personal, es un absurdo, como lo es afirmar que las tragedias naturales, como la que hoy viven los tabasqueños, es producto de la corrupción. Aquí es el discurso y por allá, los delegados federales o directivos de dependencias haciendo de las suyas. Eso es esgrimir un doble discurso o fingir ignorancia. 

Manejar que existe austeridad republicana cuando en el Congreso del Estado, la bancada mayoritaria se auto-asigna una ampliación presupuestaria de más de 200 millones de pesos en 2020, eso es jugar con la bondad y la inteligencia de los oaxaqueños. Dios nos libre de sismos, inundaciones, heladas u otros siniestros, porque entonces sí, tendremos argumentos para arremeter en contra de esos falsos redentores de las causas de los pobres.

Porque es importante saber que la bancada oaxaqueña en San Lázaro nos dio la estocada. Curiosamente, en legisladores que no son oaxaqueños y dos más que militan en el Partido Acción Nacional que votaron en contra o se abstuvieron, hubo mayor conciencia de pertenencia y solidaridad con los que menos tienen.

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