EL COMENTARIO DE HOY

Juan Pérez Audelo/ Columna

El pasado domingo, el ejecutivo estatal rindió su IV Informe de Gobierno. Una de las críticas ciudadanas más severas es que, a cuatro años de distancia, no se ve por ningún lado una obra relevante que lleve el sello del actual régimen. En cada sexenio, los últimos gobiernos han dejado una huella para la posteridad. La súper carretera Oaxaca-Cuacnopalan, legado del régimen de Diódoro Carrasco; los accesos de cuatro carriles y las universidades regionales, en el de José Murat; las obras del Cerro de El Fortín y el adoquinado del Centro Histórico en el de Ulises Ruiz.

Gabino Cué dejó el puente vial de “Cinco Señores” y ya no pudo concretar la construcción del Centro Cultural y de Convenciones, que se edificó en el actual gobierno. Cada uno de ellos, en su momento, tuvieron críticas y reclamos, como el techado del Auditorio Guelaguetza; la construcción del Libramiento Norte en el gobierno de Heladio Ramírez o el sistema de hospitales en el de Ulises Ruiz. Sin embargo, cada gobierno hizo lo que su tiempo y su circunstancia le permitió realizar.

Es necesario apuntar que, en al menos los últimos treinta años o sea cinco sexenios, amén de problemas políticos y sociales, como el conflicto del 2006 u otros, quienes estuvieron al frente del ejecutivo dejaron su propia historia con vientos de fronda, sin aspavientos y con tiempos normales. No así Alejandro Murat que, desde el inicio de su gestión, tuvo encima la tragedia derivada de siniestros naturales y otros. Un breve recuento puede dar una idea de que el camino ha estado lleno de abrojos.

En diciembre de 2016 tomó posesión teniendo como telón de fondo, un erario materialmente vaciado. Deudas por aquí y por allá. A escasos meses de estar al frente del gobierno, marzo-abril de 2017, una fuerte sequía azotó el estado. En el Istmo murieron cientos de cabezas de ganado y la presa de Jalapa del Marqués casi se secó. Dos meses después fueron las lluvias. El añejo puente de Tequisistlán, colapsó. No hubo carretera estatal que no estuviera dañada.

Septiembre de 2017 fuertes sismos fustigaron a los oaxaqueños. Su magnitud fue brutal. Miles y miles de damnificados en el Istmo. Aún hay huellas de la tragedia. En febrero de 2018, sismos en la costa y muerte en Jamiltepec. Y en 2020, justo cuando se perfilaban obras y proyectos, llevamos ocho meses de contingencia sanitaria por la pandemia. Sin embargo, hay luces de esperanza. Como oaxaqueño, hago votos porque este mal que hoy nos fustiga, permita a este gobierno concluir algunos de nuestros grandes anhelos: las carreteras al Istmo, la Costa y el Libramiento Sur, sin descartar el Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec.

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