EL COMENTARIO DE HOY

Juan Pérez Audelo/ Columna 

Cada vez y con más frecuencia, los ataques a los medios de comunicación, sean del país o el extranjero, se hacen más recurrentes desde el Palacio Nacional. Salvo aquellos medios afines que repiten las consignas cotidianas, el resto no ha estado a salvo de diatribas y denuestos. La semana anterior le tocó al periódico español “El País”, luego de que publicara un reportaje bien documentado, sobre el mal manejo de la pandemia, titulado: “México, país roto”.

Estamos viviendo escenarios nunca vistos de censura, ataques sistemáticos y descalificaciones, teniendo como telón de fondo, más de cien mil muertos y más de un millón de contagios por Covid-19. Y nadie en su sano juicio podrá aplaudir ni el manejo de la crisis sanitaria ni, mucho menos, omitir la tragedia que han vivido los tabasqueños y los olvidados de otros siniestros. Menos, el tema de los medicamentos para los niños enfermos de cáncer y otros de la agenda nacional.

La figura de México como un país de libertades; como un ejemplo de tolerancia política, de civilidad y respeto a las diferencias y disensos, se ha ido desdorando. No se trata sólo de criticar las constantes peticiones presidenciales, desenterrando los agravios de hace siglos, sino de sostener que no son tiempos de insistir en que España o el Papa Francisco ofrezcan disculpas por los atropellos de soldados españoles y órdenes religiosas a los indígenas, durante la Conquista, sino de sanar heridas en pos de construir una nueva relación en este mundo globalizado.

Si de resarcir agravios se trata, también hay que pedir que ofrezca disculpas el gobierno de los Estados Unidos por la apropiación violenta de la Alta California, Arizona, Nuevo México y Texas y no sólo de la guerra de 1846-47, sino asimismo de la invasión punitiva de 1914 a Veracruz. Y nosotros haremos nuestra parte, para disculparnos por la entrada de los villistas a Columbus, el 9 de marzo de 1916.

Hay una concepción errónea de la historia y un doble discurso; de crear escenarios para la distracción. ¿Y quién se disculpará con los chontales que perdieron su patrimonio, sus viviendas, sus animales, sus cosechas y sus esperanzas, luego de la orden de desfogar la Presa “Peñitas”?

El discurso del respeto a los indígenas y pueblos originarios vuelve a estar plagado de demagogia y simulación, porque ahora resulta que la responsable de la tragedia, como de los más de cien mil muertos por la pandemia, es la corrupción del pasado o algún “pasquín inmundo”, como calificó López Obrador a conocido diario de la capital del país.

Por el bien de México, ojalá que se deje de culpar a otros por los males presentes y futuros, porque en muchos sentidos, como lo dijo el diario español en su reportaje, a los ojos del mundo, México asemeja ser un “país roto”.

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