EL COMENTARIO DE HOY

Juan Pérez Audelo/ Columna 

Desde el primero de diciembre dio inicio el proceso electoral de 2021. La contingencia por la pandemia obligó a los órganos respectivos a ajustar el calendario. El año que viene los oaxaqueños habremos de elegir: 10 diputados federales, 25 locales y autoridades de 153 municipios que se rigen por el sistema de partidos. En nuestra onerosa democracia, aparte de los 230 millones que se otorgarán a los partidos políticos para gasto ordinario y de campañas, también se destinarán 407 millones de pesos para el proceso electoral en sí.

Según informes del Instituto Estatal Electoral y de Participación Ciudadana –el IEEPCO- se habrán de instalar 5 mil 800 casillas, con todas las medidas de prevención, para un universo cercano a los 3 millones de electores, que en 2018 fueron 2 millones 800 mil. En este proceso se incorporan tres partidos de reciente creación. En lo que me parece una contradicción, es que en lugar de que el sistema de partidos se ajuste a las condiciones económicas del país, el directorio de institutos políticos sigue creciendo, sin representar una alternativa real al votante.

Sin embargo, en ciertos partidos políticos, algunos de sus actores están desatados. Sin respetar los tiempos que marca la ley, se publicitan como si fueran detergentes biodegradables o remedios para las agruras. Lo peor de ello es que en algunos casos utilizan dinero público para estos temas personales. La contaminación visual con fotografías en espectaculares, partes traseras de autobuses, medallones de taxis, entre otros, hacen evidente que la locura electoral está a todo lo que da.

Hay quienes han aprovechado la emergencia sanitaria para llevar agua a su molino. Un reparto de despensas o de material para evitar el Covid-19, que nada tiene de altruista, sino con un avieso propósito político-electoral. Buitres de la pandemia les hemos llamado en algunos medios.

El proselitismo ha sido muchas veces abierto y en pleno desafío a la ley electoral. Mientras la ciudadanía busca sobrevivir en medio de esta crisis que nos ha traído la pandemia, se ha desatado una fiebre electorera que tardará, seguramente, varios meses.

Esperamos que prevalezca la civilidad, la tolerancia y la vigencia de la ley, que son factores que atenúan el desencanto ciudadano, harto de partidos, precampañas, campañas, casillas, boletas y resultados. Además de promesas que nunca se cumplen, discursos fatuos y demagogia, que lejos de fortalecerla, han prostituido a nuestra incipiente democracia.

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