EL COMENTARIO DE HOY

Juan Pérez Audelo/ Columna 

Terminó el 2020 con un saldo preocupante en mexicanos y oaxaqueños contagiados y fallecidos por complicaciones de Covid-19. El año se cerró en nuestra entidad con 2 mil 126 decesos y más de 28 mil contagiados. Los compañeros de un diario electrónico documentaron el 31 de diciembre, 250 hospitalizados, 49 de ellos intubados, 27 muy graves, 95 graves y 15 delicados. Es decir, mientras muchos con gran optimismo esperábamos el advenimiento del Año Nuevo, muchos otros luchaban por su vida, al cuidado de médicos y enfermeras, los héroes de esta pandemia.

Obvio, sólo nos referimos a los datos del fin de año. Éstos han ido cambiando. Si bien, nos mantenemos en semáforo naranja, la advertencia de que la capital y otros municipios retornen al semáforo epidemiológico rojo, no es un artificio, sino una medida extrema de las autoridades. El virus nos ha estado cobrando la movilidad decembrina; las compras sin sana distancia de este Día de Reyes y las aglomeraciones en calles y tiendas de auto-servicio.

Para un pueblo como el nuestro es difícil abstraerse de la fiesta. Somos un pueblo ritual. “El arte de la fiesta, envilecido en todas partes, se conserva intacto entre nosotros” –decía Octavio Paz hace 70 años-. “A través de la fiesta la sociedad se libera de las normas que se le han impuesto. Se burla de sus dioses, de sus principios, de sus leyes: se niega a sí misma”, dijo en “El Laberinto de la Soledad”, en donde describe la identidad, las debilidades y fortalezas del pueblo mexicano.

La aparición de la vacuna ha hecho ver la luz al final del túnel. Pero no es un hecho que nos llegue aquí y pronto. Hemos visto el arribo de ciertas cantidades sólo para el personal sanitario, que han sido insuficientes para proteger a quienes han estado en la primera línea de combate al mal, ya podemos imaginarnos cuándo se terminaría de vacunar a un universo de al menos 130 millones de mexicanos. Es decir, con certeza, parte de este año, sin pesimismo, estaremos en espera de poder vacunarnos.

Sin embargo, con todo este panorama complejo en la salud, en la economía, en la tragedia y el dolor, hagamos votos porque después de la tormenta venga la calma. Los oaxaqueños hemos sido estoicos, que lo mismo hemos aprendido de la pobreza que de los desastres naturales. Vienen tiempos electorales. Ojalá que, a pesar de nuestras diferencias políticas o ideológicas, prevalezca la cordura, la tolerancia y la unidad. Sólo así podremos sortear los malos augurios para este 2021 y que aparezca en el horizonte, la anhelada luz de la esperanza.

No hay comentarios

Dejar respuesta

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.