EL COMENTARIO DE HOY

Juan Pérez Audelo/ Columna 

Podría parecer campaña o una mala interpretación, lo cierto es que en lo personal no me convencen los datos y estadísticas que difunde el llamado Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, para calificar si una entidad del país es o no es segura o en qué rango se ubica en el entorno nacional. Ya es común en el discurso oficial, como desde hace al menos diez años, ubicar a Oaxaca como una de las entidades mas seguras del país. Y en ello se regodean los responsables institucionales de la seguridad.

Un análisis de la realidad oaxaqueña resulta que el tema no es algo tan simple y banal. Por ejemplo, en medios nacionales se le dio cobertura hace una semana, a la irrupción de un grupo armado en Celaya, Guanajuato que, a sangre fría, en un velorio, ejecutó a nueve personas que se encontraban ahí, con los dolientes. Justo en esos días, tres jóvenes músicos oaxaqueños fueron ejecutados en un tramo de la súper carretera a la Costa, en jurisdicción de Ejutla de Crespo y otros cuatro corrían igual suerte en San Miguel Soyaltepec, en la Cuenca del Papaloapan.

La pregunta es: ¿hay alguna diferencia entre un hecho y otro? Por supuesto que no. Grupos feministas contabilizaron poco más de 90 feminicidios hasta el mes de diciembre. Y en lo que va de enero se han contabilzado feminicidios en San Antonio de la Cal, Huatulco y Pinotepa. ¿Esto es para echar las campanas al vuelo? Obviamente no. Pero pese a todo ello, no faltan las estadísticas oficiales que afirman que los homicidios dolosos han ido a la baja. La verdad es que los hechos criminales dicen lo contrario. Pero tal parece que los responsables siguen luciéndose con las citadas estadísticas para dormir el sueño de los justos.

Insisto, así sea una voz disonante, Oaxaca no es para nada, una entidad segura. Al menos, la semana pasada hubo más de diez homicidios dolosos. Y podíamos ennumerarlos. ¿De dónde pues se sacan de la manga que somos un remanso de paz y una entidad segura? La lección que este panorama nos da, es que no hay que bajar la guardia. Hagan su trabajo. Ya basta de tratar de sorprender la buena fe de los oaxaqueños.

Hasta el más ingenuo se da cuenta que hay lugares que son verdaderas tierras de nadie. Será por complicidad o connivencia oficial, pero nadie le entra. Ahí, como la novela de don Edmundo Valadés, la muerte tiene permiso. San Vicente Coatlán, por ejemplo. ¿Alguien ha dicho algo sobre el asesinato de cinco policías preventivos, a principios de noviembre de 2019, en dicha población? ¿O de la ejecución de un candidato a diputado local por el Movimiento de Regeneración Nacional, junto con otras cuatro personas en junio de 2018? La respuesta de la autoridad ha sido nula.

Que los responsables de la seguridad pública no nos vengan a ofrecer cuentas de vidrio o baratijas. En Oaxaca, la inseguridad y el crimen, caminan a tambor batiente.

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