EL COMENTARIO DE HOY

Juan Pérez Audelo/ Columna 

Lo que tanto temían las autoridades federales y estatales, está aquí, ya, a la vuelta de la esquina: la saturación de hospitales. Desde el jueves pasado, los Servicios de Salud en la entidad informaron que se registró el pico más alto de hospitalización de pacientes Covid-19, al alcanzar el 100% de camas utilizadas en 14 hospitales de la entidad. La semana anterior, contagios y decesos alcanzaron niveles insospechados. Fue una jornada negra.

Los contagios de este mal han golpeado duramente a todos los sectores sociales. La clase política no ha estado a salvo. Hace al menos un par de semanas el gobernador Alejandro Murat, informó en su cuenta de Twitter haber dado positivo. Lo mismo el Secretario de Administración y el coordinador de los diputados del PRI en el Congreso local. Hace unos días, la senadora Susana Harp, informó haber adquirido la enfermedad y estar aplicándose los protocolos sanitarios.

Ante este panorama preocupante, el viernes pasado se puso en marcha una campaña de difusión dirigida a la sociedad oaxaqueña, denominada: “Juntos por Oaxaca”. Se trata de un llamado a la ciudadanía por parte de médicos, enfermeras, representantes del sector turístico, empresarial, deportivo, de seguridad y transporte, para redoblar esfuerzos en contra de esta mortal pandemia. Las medidas de prevención continúan siendo la mejor estrategia para evitar la propagación del virus y con ello apoyar al personal de salud que combate diariamente esta enfermedad.

Tal parece que estamos pagando la factura de la movilidad ciudadana en los festejos decembrinos. Pese a tratarse de una especie de suicidio económico, algunos organismos empresariales han admitido cierres escalonados de negocios no esenciales. Es decir, en paralelo, estamos viviendo una de las peores cuestas de enero de que se tenga memoria. Las medianas y pequeñas empresas que han sobrevivido durante los 10 meses que lleva la contingencia, están al borde del colapso.

Lo más triste, sin embargo, es la ola de dolor, impotencia y gravedad que tenemos enfrente. Panteones saturados; servicios funerarios al tope; distribuidoras de oxígeno, incapaces de poder atender una creciente demanda y la lacerante partida de seres queridos o amigos, a veces en absoluta soledad. Vale la pena hacer un esfuerzo para quedarse en casa, protegernos y proteger a nuestras familias. Para quien va al día no es tarea fácil. Pero hay que intentarlo, para seguir viendo la luz del nuevo día. Ya estamos cerca de los 2 mil 300 oaxaqueños que han fallecido por este mal.

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