Juan Pérez Audelo/ Columna 

Desde los últimos meses del 2020 y lo que lleva éste, Tierra Blanca, Copala, ubicada en jurisdicción de Santiago Juxtlahuaca, ha sido escenario de violencia y manipulación. Nada nuevo. Organizaciones y dirigentes que se han disputado la supremacía, han vivido entre vendettas, emboscadas y secuestros. Ya lo mencionamos hace algunas semanas. No importa si son niños, ancianos o mujeres. El exterminio entre la misma etnia, debe ser motivo de estudios de etnólogos y antropólogos.

Entre esta etnia, hay casos documentados de trata de niñas; de su venta por cajas de cerveza; de abuso sexual y crímenes. Pero tal parece que con la etiqueta aquella de “nosotros los pobres indígenas”, aquí no pasa nada. Al menos cuatro organizaciones están hoy en friega violenta, entre ellas: el Movimiento de Unificación y Lucha Triqui (MULT), su escisión, el MULTI y la Unión de Bienestar Social de la Región Triqui (UBISORT). Detrás de cada una, el interés pecuniario. Es un caso típico de quienes perviven alargando la mano.

La semana anterior, de nueva cuenta, el gobierno estatal envío un contingente de servidores público de diversas dependencias: La Secretaría General de Gobierno, Salud y Seguridad Pública. Estuvieron también elementos de la Guardia Nacional y de las Comisiones de Derechos Humanos, como parte del despliegue del Plan Integral de Seguridad de la zona triqui. Sin embargo, tal parece que la violencia y la confrontación se convirtió en su modus vivendi. La protesta ya es un negocio.

Hay que verlo con aquellos auto-calificados como desplazados. Tiene diez años que se apropiaron de los pasillos del Palacio de Gobierno y con el ardid de que cuentan con medidas cautelares de la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos, se asumen intocables. Y ya convirtieron ese espacio público en negocio privado.

Han obtenido millones de pesos del gobierno y de ese gigantesco tianguis artesanal que instalaron ahí, en el corazón de la capital. Se sabe que, las citadas medidas cautelares otorgadas en 2009 por el referido organismo internacional, estarían a punto de ser retiradas. Y ello habría despertado la ambición de los dirigentes del MULTI, que ven en ello la posibilidad de ocupar dicho espacio. Es decir, asumirse desplazados y acudir a las instancias internacionales. Emular, burdamente, a los farsantes que hoy lo ocupan.

He ahí el meollo de la reciente movilización. Tocarles la campana no implica gran esfuerzo, más aún si lo que se trata es de generarles expectativas económicas, de las que sus dirigentes se llevan la mayor tajada. Lo cierto es que, ya es tiempo de ir desenmascarando esta lucha facciosa y los intereses que se esconden detrás, con la demanda de seguridad en la zona de Copala.

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