EL COMENTARIO DE HOY

Juan Pérez Audelo/ Columna 

El pasado 20 de enero, fue un día histórico: en una de las potencias mundiales, los Estados Unidos de América, terminó la era beligerante, arrogante y racista de Donald Trump e inició la de un político moderado, venido de abajo y fogueado en una impecable carrera política: Joe Biden. En una toma de posesión inédita, por la emergencia sanitaria y las amenazas de los grupos extremistas, llamó la atención su discurso. La unidad, la reconciliación y el fin de las diferencias para hacerle frente a los retos del país, caló hondo en la opinión pública mundial.

Jamás mencionó al pasado, ni citó a su antecesor. Simplemente llamó a concitar la confianza del pueblo norteamericano y gobernar para todos por igual: para quienes le dieron su voto y para aquellos que no. Sin agraviar a nadie; sin descalificar ni denostar, su mensaje fue conciliador, incluyente, reflexivo y lleno de esperanzas. Algunos de sus primeros decretos ejecutivos fueron el combate a la pandemia, cancelar el muro fronterizo con México, reinsertar a Estados Unidos en el Convenio de París, para el cambio climático y retornar a la Organización Mundial de la Salud.

La relación México/Estados Unidos ha sido amplia e históricamente estudiada. Política bilateral, migración, comercio, narcotráfico, lavado de dinero, asistencia y cooperación en diversos rubros. No obstante, el tardío reconocimiento al triunfo del demócrata, sentó un pésimo precedente en la política de vecindad. Había una fijación de este gobierno con el ex presidente Trump. Ambos compartieron, “una visión muy similar sobre la manera de gobernar, marcada en ambos casos por un desprecio de las instituciones establecidas… así como de la prensa independiente”, apuntó en un artículo periodístico el ex embajador de Estados Unidos en México, entre 1998 y 2002, Jeffrey Davidow.

Ciertamente, la relación entre ambos países ha sido compleja y difícil. “Probablemente en ningún lugar del mundo dos vecinos se entiendan tan poco”, reconoció Alan Riding en su obra: “Vecinos distantes. Un retrato de los mexicanos”, publicada hace más de una década. Sin embargo, las cosas han cambiado. Vivimos otra época. Tal vez más difícil. Aunque del nuestro ya se dieron los primeros pasos, ojalá que el arribo del presidente número 46 de la Unión Americana, ayude al gobierno de la 4T a replantear una relación cimentada en el respeto mutuo, la confianza y la cooperación. Millones de mexicanos que viven allá o en el país, lo habrán de reconocer y aplaudir.

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