Patricia Briseño

OAXACA. Oax. En enero de 2015, el artista plástico y promotor cultural Francisco Toledo (1940- 2019) traspasó por “un peso” al gobierno federal, una las instituciones relevantes en su vida: el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca (IAGO) y heredó a México un gran patrimonio cultural.

En un acto protocolario, celebrado en el mismo IAGO, de Macedonio Alcalá, el entonces primer secretario de Cultura, Rafael Tovar y de Teresa se comprometió a dar continuidad y preservar la labor social realizada, tanto en la capital oaxaqueña como en otras regiones del estado por parte de Toledo; gratuidad en el acceso a sus servicios; la óptima conservación de los acervos; apertura a “todas las ideologías” y vigilancia de la propia familia del artista. 

FOTO: Francisco Toledo en la entrega oficial del IAGO en 2015/Foto: Archivo

Uno de los testigos de aquel evento, y días anteriores, Emilio de Leo Blanco, director de la Casa de Cultura Oaxaqueña recordó como el mismo juchiteco se encargó de alistar la entrega al patrimonio de la nación.  

“La incorporación incluyó una enorme biblioteca distribuida en dos sedes del Instituto: la más antigua de la calle Macedonio Alcalá 507 que está integrada por más de 30 mil libros de arte, pintura, gráfica, diseño, diseño textil, museos del mundo y arquitectura” 

Asimismo, el IAGO, ubicado en la avenida Juárez 302, también en el centro histórico de Oaxaca, que contiene 22 mil libros de literatura, poesía, ensayo, historia de la religión, filosofía, teatro, cine y fotografía. 

Aunque la joya de la corona, no  incluida en la donación, es la obra artística que Toledo reunió a lo largo de su vida. Más de 20 mil piezas de grabado realizadas por artistas como Pablo Picasso, Joan Miro, Antonio Saura, Francisco de Goya y Eduardo Chillida, la colección más grande en México de James Ensor y trabajos de José Guadalupe Posada, Manuel Manilla y del Taller de la Gráfica Popular, así como unas tres mil fotografías de Manuel Álvarez Bravo (impresas por él mismo), Lola Álvarez Bravo, Edward Weston, Graciela Iturbide, Josef Koudelka, Nacho López o Agustín Jiménez. 

De Leo Blanco recordó que, en su momento, Francisco Toledo externó en varias ocasiones sus intenciones de traspasar a la Secretaría de Cultura federal, a través del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) su acervo. Entre broma y serio, el maestro decía: no puedo con todo”

En aquel año, el juchiteco debió saldar de su propio bolsillo, la deuda que el espacio cultural tenía con el gobierno de Oaxaca, luego de que la Secretaría de Finanzas (Sefin) del estado intervino la cuenta bancaria de la Asociación Civil Amigos del IAGO. 

Además, había una relación ríspida entre el maestro y el entonces gobernador, Gabino Cué, quien estaba dispuesto a construir el Centro Cultural y de Convenciones en inmediaciones del auditorio Guelaguetza, en el cerro del Fortín.

“El maestro Toledo donó no sólo las instituciones que creó, sino que iba cerrando ciclos en su vida, esto no atendía a algo específicamente económico, sino a la voluntad de poder continuar un proyecto cultural más allá de un ser humano”, resaltó de Leo Blanco al recordar aquel momento relevante que ahora forma parte del patrominoo de la población mexicana.

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