EL COMENTARIO DE HOY

Juan Pérez Audelo/ Columna 

De una cosa podemos tener certeza los ciudadanos: la política energética del gobierno de la llamada Cuarta Transformación ha sido un fiasco. Se ha dado una lucha sin cuartel en contra de las empresas que generan energías limpias y renovables. Iniciativas de ley, amenazas y persecución, con el argumento de que han lucrado con el patrimonio natural de los mexicanos; que recibieron cuantiosos subsidios; que son enemigas de la autonomía energética. En el fondo de todo, lo que está detrás es devolverle el monopolio a la Comisión Federal de Electricidad.

Encabezada por uno de los especímenes políticos más cuestionados en este país, puesto de manifiesto en sus ideas anacrónicas y acartonadas, se ha tratado de cerrarle las puertas a las energías limpias, para continuar en la generación de electricidad dependiendo de los materiales fósiles como el carbón y los combustóleos o depender de otras fuentes, como las hidroeléctricas. Ya vimos los gravísimos problemas de las inundaciones en Tabasco, por el desfogue de la presa “Peñitas”, también a cargo de la paraestatal.

Hace sólo unos meses millones de mexicanos fueron afectados por un apagón. Los altos funcionarios de la citada dependencia federal, argumentaron que había sido provocado por un incendio en unos pastizales en Tamaulipas. Para justificar su dicho presentaron un oficio falso, suscrito presuntamente por el titular de la Comisión de Protección Civil de dicho estado. El gobierno tamaulipeco desmintió la especie. La farsa quedó al descubierto. Y no pasó nada. Dos mañaneras aclarando el asunto y ahí quedó.

En días pasados, apagones afectaron al menos a 23 estados de la República, entre ellos Oaxaca, sobre todo a poblaciones de la zona istmeña. Se argumentó que ello era producto de las tormentas invernales en Texas, lo que había influido en la falta de suministro de gas licuado para las termoeléctricas que generan la energía. Según algunas fuentes, los ejecutivos de la CFE estaban enterados del colapso desde días antes. Pero no actuaron. Lo que se asume como omisión o indolencia premeditada.

Vale la pena recordar que en agosto del 2020 y aún, en una conferencia de prensa reciente, se dijo que se vendió gas, echándole la culpa –como siempre- al de atrás, en virtud de que se había comprado en exceso, lo que era parte de una cadena de corrupción. Sin embargo, ¡oh, paradoja!, para solucionar el problema, apenas se anunció la compra de tres barcos de gas licuado para superar el colapso, lo que deja en evidencia la falta de capacidad, de experiencia, de vocación de servicio, de quienes están al frente de la paraestatal. La pregunta es: ¿a qué estamos jugando, al pedir hacer ahorros de energía y lavarles la cara a los responsables del daño?

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