EL COMENTARIO DE HOY

Juan Pérez Audelo/ Columna 

En su comparecencia del pasado 27 de enero, el Secretario General de Gobierno, Francisco García López, reconoció un dato preocupante: hay en la entidad 320 conflictos agrarios, además de problemas políticos, sociales y religiosos que, junto con 425 organizaciones sociales, fustigan a los oaxaqueños. En efecto, sobre todo cuando derivan en la práctica perniciosa del chantaje, la protesta y los bloqueos carreteros o a vialidades urbanas.

Es de tal magnitud la recurrencia a dicho método, que la emergencia sanitaria que vivimos no ha inhibido su práctica. Es decir, todo se quiere dirimir tomando a la ciudadanía inerme como rehén. Vivimos acotados y secuestrados de manera cotidiana. O son grupos indígenas, comuneros, sindicatos universitarios o alguna del abultado directorio de organizaciones sociales, que perviven alargando la mano, esperando la dádiva gubernamental.

Más que Guerrero y Chiapas, estados con quienes compartimos estándares de atraso y marginación, en Oaxaca la protesta social se ha recrudecido al tenor del crecimiento de organizaciones parasitarias. Hay dirigentes vivales que han juntado varias de ellas, para hacer bloques. Así, toman carreteras, edificios públicos, casetas de peaje, etc. Todo ello con una impunidad insultante. Cualquier amago de la autoridad es sinónimo de victimización.

Tienen como avales de sus excesos y atropellos a la ciudadanía, a organismos civiles o gubernamentales de derechos humanos. Es casi imposible pensar en desalojos. Ello justifica el miedo para aplicar la ley. En el gobierno estatal se ha privilegiado el diálogo de una manera enfermiza, no obstante que haya grupos y organizaciones como los triquis, que ya hemos mencionado, reacios a cualquier medida de conciliación y de paz.

La famosa lucha social es el gran negocio para unos pocos, que manipulan a los incautos. Y cada vez sus dirigentes piden más. Lo mismo concesiones de transporte que entrometerse en las obras públicas o introducir a sus leales en los gobiernos locales. Y mientras en el gobierno los titulares les pongan alfombras para que estos vividores no bloqueen y chantajeen, seguiremos igual.

En tanto no se les trate como lo que son, ese directorio de parásitos que esperan que el gobierno les de todo, seguirá creciendo, haciendo de la gobernabilidad una ficción y de la paz social una caricatura. Desde los clásicos de la ciencia política hasta las enseñanzas de la realpolitik actual, el diálogo debe ser una primera instancia. La última, el ejercicio simple y llano de la ley. Ni más ni menos.

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