EL COMENTARIO DE HOY

Juan Pérez Audelo/ Columna

El programa de vacunación contra el Covid-19 avanza en el país, aunque con preocupante lentitud. Primero fueron médicos, enfermeras, personal sanitario y los llamados “servidores de la Nación”, que no han estado precisamente en la primera línea de combate al mal. Hace una semana, inició en Oaxaca la aplicación de la vacuna a adultos mayores, en la comunidad de San José Tenango. Es cierto, hay problemas de abasto del biológico que no se le puede imputar responsabilidad al gobierno federal.

Sin embargo, al respecto hay un tema que sí es preocupante: la posible utilización de la vacuna con fines políticos. Es decir, que determinados partidos hagan un uso perverso de la salud de los mexicanos, para llevar agua a su molino político-electoral. Si bien el Senado de la República acaba de aprobar el endurecimiento de medidas penales en contra de algunos delitos, entre ellos el uso de los programas sociales con fines políticos, no hay una sanción específica del uso de los programas de vacunación.

Durante el largo período, ése que los que ahora están en el poder llaman neoliberal o, mejor dicho, cuando estuvo al frente del país la llamada mafia del poder, era un delito anunciar o cacarear las obras o acciones de gobierno durante períodos de elecciones. Le llamaban veda. Esto es, que no existieran anuncios, discursos, giras de trabajo, mucho menos la mención del presidente de la República sobre los procesos electorales. Ahora no. El máximo órgano jurisdiccional del país le ha hecho un boquete a la democracia.

Con esa impunidad, arropada hoy por quienes se presume, hacen valer el marco jurídico, sigue vigente en algunos actores del partido Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), la mención del tema de la vacuna, como si ésta fuera, en estos tiempos de pandemia, una gratuita concesión del gobierno de la Cuarta Transformación y no una responsabilidad inherente al marco constitucional. Con gobiernos corruptos y estafas maestras, jamás los mexicanos fuimos testigos de tanto desparpajo. Lucrar con la salud y la vida de los ciudadanos y convertirla en botín político.

Vergonzosa y penosamente acotado el principal órgano jurisdiccional electoral en el país, sólo queda apelar a la consciencia ciudadana. Los programas de vacunación son un derecho del pueblo mexicano, no una invención del actual gobierno ni, mucho menos, un medio de intercambio para lograr votos. La pandemia de Covid-19 ha lacerado duramente a la sociedad mexicana. Es un insulto y una bajeza darle al hoy incipiente programa de vacunación, un tinte político-electoral.

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