Un estudio demuestra, por primera vez, que los humanos comparten con los chimpancés la capacidad de unirse ante amenazas de otros grupos.

Agencia

KYOTO. La capacidad de estar más cohesionados y ser más cooperativos ante las amenazas que pueden representar otros grupos es un comportamiento normalmente asociado a los humanos, pero un estudio ha demostrado experimentalmente que también lo muestran los chimpancés.

Un equipo de la Universidad de Kyoto publicó en Plos One una investigación con cinco grupos de chimpancés a los que hacían escuchar vocalizaciones de individuos desconocidos, lo que les estresaba, pero en lugar de reflejarlo en el grupo, este adoptaba comportamientos de mayor armonía.

Ante las amenazas de otros grupos, los humanos se vuelven más cohesionados y cooperativos con los suyos, una asociación que Charles Darwin sugirió que podría ser una capacidad evolucionada, pero el estudio demuestra, por primera vez, que esta propensión es compartida por uno de nuestros parientes más cercanos.

Observaciones de campo sugerían que los chimpancés estaban más cohesionados en los días y meses en que tenían encuentros con grupos externos.

Para comprobar la relación directa entre la amenaza de un grupo ajeno y la cohesión del grupo interno, el equipo simuló un encuentro y observó el comportamiento de los sujetos.

Así, cinco grupos de chimpancés escucharon vocalizaciones de individuos desconocidos, junto a otras de cuervos que sirvieron como control.

Los chimpancés que escuchaban a los individuos ajenos al grupo se ponían más atentos y se estresaban, pero en lugar de traducirlo en tensiones dentro del grupo, los animales se acercaban unos a otros y “adoptaban comportamientos más afiliativos”.

Además, en comparación con el grupo de control, los animales se mostraban menos agresivos cuando la cantidad de comida que se les daba era limitada.

Esto sugiere que en los chimpancés, al igual que en los humanos, la competencia entre grupos fomenta la cohesión, indicó la Universidad de Kyoto.

El estudio también indica que la competencia intergrupal en la evolución humana puede haber conducido a nuestra capacidad de mantener la cooperación y las relaciones tolerantes en grupos grandes ante la presencia de un enemigo común.

Sin embargo, señaló, aún queda por comprobar si se debe a la fuerte historia evolutiva de competencia intergrupal de ambas especies o a un rasgo más común compartido con otros grandes simios.

Por ello, el equipo estudia ahora si el mismo patrón se observa en los bonobos -otros parientes cercanos de los humanos- que son conocidos por no cometer agresiones letales fuera del grupo.

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