EL COMENTARIO DE HOY

Juan Pérez Audelo/ Columna 

La semana pasada se volvió un escándalo mediático, el tema del Informe General de la Cuenta Pública, 2019, del gobierno de la llamada Cuarta Transformación, presentado por la Auditoría Superior de la Federación al Congreso de la Unión. En el mismo aparecían dos cifras importantes: una por 67 mil 498 millones de pesos, referente a desvíos, falta de comprobación o de solventar, de programas sociales y proyectos del actual régimen y la otra por 331 mil millones 996 pesos, que corresponde al presunto quebranto económico por la cancelación del Nuevo Aeropuerto Internacional de México –NAIM-, que significa un 232 por ciento, arriba de lo estimado por el actual gobierno.

Sin embargo, sólo bastó una descalificación mañanera del presidente López Obrador y el manejo de, “yo tengo otros datos” –aunque nunca se digan los mismos ni cuáles son las fuentes- para que el mismo día, la dependencia, presuntamente autónoma, diera marcha atrás. Esto es, afirmó que se podrían haber exagerado los datos o el mal uso de la metodología, poniendo en entredicho el trabajo serio, responsable e imparcial, que le han caracterizado y cuyos informes anteriores, hoy mismo, mantienen en prisión a ex funcionarios del gobierno pasado.

Se ha hecho ya nota cotidiana en el desolladero político mexicano, que cada cuando el presidente no está de acuerdo con una información, la descalifica de inmediato. O arremete en contra de medios y periodistas que manejaron el tema. Y hasta excesos nunca vistos en este país, como el hecho de afirmar que los abogados que estuvieran en contra de la propuesta de reforma energética que recién se aprobó, eran traidores a la Patria, poniendo en la picota una de las profesiones a las que le dio una visión histórica, uno de los íconos de la Cuarta Transformación: don Benito Juárez.

Para nadie es un secreto que el presidencialismo mexicano está a todo lo que da; que aquella frase anecdótica de: “¿Qué horas son?”, “Las que Usted guste señor presidente”, ha vuelto a tomar vigencia, salvo que en el discurso de primero los pobres y la cacareada lucha contra la corrupción. Uno a uno, se han ido doblegando los llamados órganos autónomos; uno a uno han ido cayendo bajo amenazas o intimidación. Ahí está el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, en el papel de simple membrete.

De seguir la Auditoría sometiéndose a los designios autoritarios, el pueblo mexicano debe estar alerta ante el retorno de un poder omnímodo, que seguirá luchando contra la corrupción, pero con prácticas poco transparentes y discrecionales. Y que la lucha de hace dos décadas sobre la transparencia y el derecho a la información, sólo será simple anécdota de un pasado que quiso que la sociedad civil, el ciudadano común, pudiera exigir la rendición de cuentas. Eso ya no será posible. Así de simple. Bofetada a la democracia.

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