EL COMENTARIO DE HOY

Juan Pérez Audelo/ Columna 

En unos días más tendremos el segundo fin de semana largo del año. El que corresponde al 21 de marzo, natalicio del Benemérito. Los llamados puentes representaron hasta febrero del 2020, una bocanada de aire fresco para la industria turística oaxaqueña. Los prestadores de servicios registraban altos promedios de ocupación hotelera; de atención en restaurantes y destinos de playa; de arribo de visitantes en carreteras y aeropuerto que, hasta antes del inicio de la contingencia, tuvo estadísticas impresionantes del arribo de viajeros.

Nuestra antes rentable industria sin chimeneas vive hoy uno de sus peores momentos. Muchos hoteles y negocios vinculados al turismo han cerrado. Y, como se ven las cosas, sin pesimismo, presumo que esto no habrá de mejorar en el corto plazo. Los coletazos de la pandemia han fustigado con dureza al comercio, el turismo y los servicios, con implicaciones en el entorno laboral. Es admirable cómo han sobrevivido algunos negocios.

Sin embargo, en sentido contrario, hay muchos que ni sufren ni se acongojan. Y son aquellos dirigentes y grupos que han pervivido del chantaje y la presión. La entidad oaxaqueña y la ciudadanía siguen acotadas por bloqueos carreteros y cierres de calles y avenidas. Está tan arraigada la cultura del chantaje, que es la más rentable incluso que la construcción o el turismo, que un hecho de tránsito deriva en daños colectivos. Por ejemplo, el caso de dos jóvenes que laboran en el reparto de comida, hace poco más de una semana.

Los presuntos responsables del percance fueron agentes de vialidad. ¿Qué carajo tiene que ver la ciudadanía que tiene que ir a trabajar, a la oficina, al hospital, al súper mercado y pagar los platos rotos? Insisto: eso debe terminarse. Tengo entendido que hay una iniciativa en la Cámara de Diputados local, para legislar en contra de los bloqueos en tiempos de pandemia. No se trata de acotar ni limitar el derecho a manifestación o la libre expresión, simplemente que los bloqueos en estos tiempos son un insulto al sentido común y un doble golpe para quienes tratan de sobrevivir en este ambiente hostil.

Otro ejemplo lamentable es que en la zona del Istmo de Tehuantepec y de manera particular en Matías Romero, el bloqueo carretero ya es una institución. Durante 10 días, vecinos de San Juan Mazatlán, Mixe, mantuvieron cerrada la carretera Transístmica. Y la semana anterior, vecinos de agencias de Matías, hicieron lo propio. El pasado lunes, pobladores de San Juan Guichivoci volvieron a bloquear. Sólo el pasado viernes, trabajadores de los Servicios de Salud instalaron al menos seis bloqueos carreteros. Hay razón de que, desde hace varios meses, ya nadie hable del famoso Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec. Con este mapa de chantaje, ¿quién puede?

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