EL COMENTARIO DE HOY

Juan Pérez Audelo/ Columna 

El domingo pasado concluyó, con resultados más lamentables que exitosos, la jornada de vacunación para adultos mayores de 60 años, en la capital oaxaqueña y municipios conurbados. En dicho evento prevaleció la incapacidad, la desorganización, la falta de coordinación y, sobre todo, la ignorancia supina de los responsables sobre este tipo de acciones. La pregunta de muchos fue: ¿en donde están los Servicios de Salud, que son quienes por ley tienen a su cargo las campañas de vacunación? ¿Qué tenían que hacer la delegación federal de la Secretaría de Bienestar y los llamados Servidores de la Nación, en la organización para la aplicación del biológico?

Fuimos testigos de escenas denigrantes, humillantes y de bajeza inédita. Personas mayores en silla de ruedas durmiendo a la intemperie, asistidos por sus familiares; ancianos discapacitados o con enfermedades graves, con un andar pausado y con el sol a plomo sobre sus cuerpos, esperando recibir una ficha para la vacuna. No obstante, la espera de 12 o 15 horas en la fila, al final recibir como bofetada el anunció de que las vacunas se habían agotado.

Un repudio ciudadano generalizado se elevó en contra de los responsables. El mismo ejecutivo estatal calificó dicha jornada como un desastre. Y hay razón. No saben. No tienen ni remota idea de lo que una campaña de vida o muerte como ésta y lo que significa para un sector numeroso de la población. Es simple: no es lo suyo. Lo grave es que afectan la dignidad de las personas. La desorganización fue nota nacional, empezando por los excesos de dos funcionarias federales.

Lo que constituye un agravio a la sociedad es que la vacuna contra la Covid-19 se quiera manejar como la tabla de salvación que el gobierno federal le lanza al pueblo mexicano. Es decir, como algo que debemos agradecer y doblar las corvas. Darle al programa de vacunación un perfil político-electoral. Sorprender la buena fe del ciudadano de a pie y revertir la responsabilidad del gobierno, en lo que se refiere a la salud. No se vale que ello sea a costa de los grupos vulnerables, como vimos la semana pasada.

Ya vendrá la segunda etapa de vacunación. Esperemos que el Sector Salud retome su papel y que, quienes han acaparado hoy los reflectores de la incompetencia e incapacidad, asimilen que no es lo suyo. Es de humanos reconocer errores, aunque el mal venga de arriba. El buen gobierno tiene que ir de la mano con una Ley Orgánica que le asigne a cada dependencia sus responsabilidades. Sin embargo, se entiende: no es lo mismo ganar elecciones que gobernar. Zapatero a tus zapatos dice el dicho. Una cosa son los programas sociales y otra, muy diferente, salvaguardar y proteger la vida de los mexicanos.

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