EL COMENTARIO DE HOY

Juan Pérez Audelo/ Columna 

Hay una lección que nos legó desde el 2006, el sector magisterial afiliado a la Sección 22 del SNTE: en la lucha social, o el remedo de ella, nada hay tan rentable como la victimización. Es decir, si en los avatares de la protesta, las marchas, los bloqueos carreteros o en los abusos que se cometen tomando como argumento la libertad de expresión, hay alguien que es víctima de un homicidio, ya sea como vendetta personal de sicarios o la acción del Estado, es casi como si a los líderes les cayera como anillo al dedo.

Para empezar, ya se sabe la consabida consigna: el responsable fue el Estado. No importa si el crimen haya sido por un asunto personal, pasional y no de ideología o pertenencia política; de un viejo agravio o tema ajeno a su militancia, el caso es aprovecharlo políticamente. Esto es: la sangre de un militante, simpatizante, miembro, dirigente u otro, debe ser aprovechado para sacar raja económica o política. Aquí no importan los sentimientos, ni la solidaridad, ni el dolor de la familia. Simplemente se trata de meter ruido.

Un caso particular. En agosto de 2020 fue asesinado en la comunidad de Ánimas Trujano, justo cuando cenaba en una taquería, el dirigente del Frente Popular Revolucionario –el FPR- en Miahuatlán de Porfirio Díaz, Tomás Martínez Pinacho. Esa tarde/noche se soltaron los demonios. Cristales rotos y vandalismo en el Centro Histórico. Hay razón, esta organización, con tentáculos por doquier, es catalogada como una de las más violentas de las poco más de 400 que tiene el directorio de las que perviven de la dádiva oficial. ¿El motivo del desgarriate? Protestar por la muerte violenta de su compañero.

Hace al menos un par de meses, la Fiscalía General del Estado detuvo al primero de los presuntos autores materiales. ¿Y cuál fue la respuesta del FPR? No era suficiente. Querían a los autores intelectuales. La semana pasada fue detenido el segundo presunto implicado. ¿Y cuál fue la respuesta? Al menos cinco bloqueos en oficinas de gobierno y principales cruceros de la capital. ¿Entonces qué pretenden sus franquicitarios?

Es simple: no buscan que el crimen se esclarezca, sino que siga impune para que sea su bandera eterna de protesta y ello le permita a sus manejadores tener un elemento para chantajear al gobierno. Es decir, cual buitres, aprovecharse de la sangre derramada para buscar, como decimos antes, provecho político y económico. ¡Ése es el quid y no otro, de la eterna victimización! Pero eso sí, en las honras fúnebres, toda una apoteosis.

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