EL COMENTARIO DE HOY

Juan Pérez Audelo/ Columna 

Estamos ya en pleno período vacacional de Semana Santa. Sin pesimismo, no se esperan grandes novedades de mejora económica, expectativas de afluencia de visitantes del país y el extranjero o derrama monetaria. La situación sanitaria en el país es grave. Se ha llegado a más de 200 mil muertos. Y según fuentes oficiales, la cifra real rebasa los 321 mil decesos. Y en Oaxaca, casi rozamos los 3 mil 200. Es evidente que en esta temporada seguirán las restricciones. Ni ceremonias religiosas ni procesiones, pegarán de lleno en el espíritu religioso de los oaxaqueños.

Aunque no en la proporción de 2019, se observa un ligero incremento en el arribo de turistas. Un destino cultural y privilegiado como es Oaxaca, merece ser disfrutado. No es fortuito que diversas publicaciones sigan calificando a nuestra capital, como uno de los destinos más bellos, no sólo de México sino a nivel internacional. Pese al suplicio que representan calles en mal estado, obras a medias y una ciudad con franco deterioro, siguen pesando más sus atractivos históricos.

Sin embargo, cada temporada vacacional se muestra en toda su bajeza, el estado tan deplorable de nuestro Centro Histórico. El comercio en la vía pública ha invadido no sólo las banquetas, el Zócalo y la Alameda de León, sino calles como Las Casas, 20 de noviembre, Miguel Cabrera y Bustamante, entre otras. Ahí han sentado sus reales organizaciones como “Sol Rojo”, la Unión de Artesanos y Comerciantes Oaxaqueños en Lucha (UACOL) y el Frente “14 de junio”, entre otros. Sus dirigentes, como verdaderos mercachifles, han hecho de los espacios públicos, un boyante negocio.

Capítulo aparte merecen los llamados triquis “desplazados”, que desde hace once años se apropiaron de los pasillos del Palacio de Gobierno, los cuales han convertido en cocina, comedor, hotel de paso de sus dirigentes y mercado.

Amparados en supuestas medidas cautelares otorgadas por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, se asumen ya propietarios de dicho espacio público.

Lo que sorprende es que ni el gobierno estatal ni el municipal, hayan movido un solo dedo para terminar con la farsa de desplazados y devolverle a la ciudadanía de la capital el paso franco por los citados pasillos. Es lamentable que el corazón de la ciudad siga convertido en estercolero, en zahúrda. De aquellos prados que lucían con flores de temporada ni sus luces. Sólo la fauna nociva pasea por las noches, ante una telaraña de mecates, lonas, mesas y diablitos para robar energía eléctrica. Es el triste espectáculo que hoy nuestra capital puede ofrecer a sus visitantes.

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