EL COMENTARIO DE HOY

Juan Pérez Audelo/ Columna 

Desde el domingo 4 de abril iniciaron formalmente las campañas políticas de partidos y coaliciones, para las diputaciones federales. Poco después, el ejecutivo estatal, los representantes del Instituto Nacional Electoral –INE-; el Instituto Estatal Electoral y de Participación Ciudadana –el IEEPCO-, junto con delegados, comandantes y funcionarios de áreas de seguridad y justicia y otros, suscribieron el Pacto por un Proceso Electoral Cívicamente Responsable, encaminado, sobre todo, a evitar acciones de violencia y actos que empañen la civilidad que exige este proceso.

Sin embargo, aparte de la violencia política que ya exhibió sus tentáculos en el acto de inicio de campaña de la candidata de Fuerza por México, por el distrito de la capital, hay un elemento que mucho se soslaya y es la calidad de las campañas. Tomemos en cuenta que al menos 8 diputados y diputadas federales en funciones, emanados del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) y del Partido del Trabajo, buscan la reelección. La pregunta es: ¿cuál será la oferta política, en su campaña de proselitismo, luego de un paso casi penoso por la Cámara federal?

Más de la mitad de legisladores y legisladoras acreditados en el Congreso del Estado buscarán, asimismo, la reelección. Otros han presentado su renuncia para irse como candidatos a diputados federales o presidentes municipales. Es decir, la idea es seguir en la ubre –como se dice en la jerga política- sin un antecedente que les acredite ante sus electores, al menos un desempeño decoroso en el cargo que recién desempeñaron. Sobre todo, cuando al menos en la Legislatura actual, no hay elementos de juicio para valorar un trabajo legislativo más o menos aceptable.

La historia registra que, una vez que se obtiene el voto –y eso va para todos los partidos- quienes logran el triunfo, jamás vuelven a retribuir a sus electores el apoyo recibido. Negocios y no gestiones; cochupos y no la mejoría de calidad de vida en sus distritos, es lo que importa.

Repiten la historia de aquel político, avecindado en Oaxaca, hoy en retiro, que sin ser oriundo del distrito para el que lo postularon, dijo en Jamiltepec: “conózcanme, porque jamás volveré”. Ganó y lo cumplió.

La ciudadanía, el pueblo como dicen los populistas, herederos del Narodnaya Volia, de principios del Siglo XX en Rusia, ya no sucumbe ante dádivas, ofrecimientos vagos o promesas. Ahí es donde se espera que los candidatos de partidos y coaliciones, apliquen su buen juicio y honestidad. Ni demagogia ni falsas expectativas. La realidad justa y llana.

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