Juan Pérez Audelo/ Columna

Durante tres semanas, los ciudadanos de la capital fuimos rehenes de un grupúsculo de vándalos y pseudo normalistas. Vivimos en un Estado de Derecho vulnerado por quienes desde septiembre de 2014, se asumen intocables. Uno de los golpes más severos a la economía y a miles de ciudadanos fue el cierre, durante cuatro días, del acceso al Aeropuerto Internacional de Oaxaca. Sin demandas justas ni de corte estudiantil, su movimiento fue una abierta provocación.

El jueves 29 de abril por la madrugada fue liberado el paso a la terminal aérea. Se reanudaron los vuelos. Los pasajeros que viajaron por esa vía pudieron abordar sin problemas. Ello, luego de una mesa de diálogo, en la que el gobierno estatal les ofreció el oro y el moro a estos potenciales delincuentes juveniles. ¿Y la ciudadanía afectada? ¿Y las pérdidas económicas prohijadas en los robos, secuestro de unidades, incendio de oficinas, ataque a medios de comunicación, etc.? Bien gracias.

Lo que quedó en el ambiente fue el tufo abominable de la impunidad. ¿Desde cuándo se deben privilegiar los derechos humanos de minorías violentas y que la autoridad se ponga, como se dice vulgarmente, de pechito, en abierta afectación a toda una población inerme? Si bien las autoridades educativas emitieron un boletín oficial de los acuerdos, cada vez cobra más vigencia la exigencia ciudadana de que las llamadas mesas de diálogo sean públicas.

El pueblo oaxaqueño tiene derecho a saber lo que implica satisfacer las exigencias de estos pseudo estudiantes, que ayer recibieron prebendas y mañana volverán por más. Al igual que organizaciones y grupos que perviven de la dádiva oficial, como el Frente Popular Revolucionario, Sol Rojo, CODEP, CODECI, FACMEO y cientos de membretes más, dedicados a la presión y el chantaje, que jamás tienen llenadera.

O de sujetos manipulados e inclinados a favorecer a ciertos partidos políticos, como el presidente de Santa María Colotepec, que por un presunto lío agrario, afectó a miles de ciudadanos y prestadores turísticos de Puerto Escondido, con el bloqueo a la carretera costera por cinco días. Eso es no tener escrúpulos. Insistimos: Oaxaca jamás podrá salir del marasmo del atraso y la marginación en tanto esta práctica siga y las autoridades continuen practicando la candidez del pavo –como decía Herrerías- que “amaina su plumaje al primer ruido”.

Entre la ciudadanía hay indignación y coraje; frustración e impotencia ante tanta impunidad y debilidad para aplicar la ley. El mismo gobierno ha incubado el huevo de la serpiente. Lo más triste es que es la ciudadanía la que siempre paga los platos rotos.

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