EL COMENTARIO DE HOY

Juan Pérez Audelo/ Columna 

El pasado 9 de mayo estuvo en territorio oaxaqueño el presidente Andrés Manuel López Obrador. Junto con el ejecutivo estatal supervisaron los trabajos del rompeolas que se construye en Salina Cruz. Dicha obra está inscrita en el proyecto del Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec que, por cierto, no ha tenido mucho ruido en los últimos meses. Y no precisamente por la emergencia sanitaria que vivimos, sino porque a poco más de 2 años de haberse puesto en marcha su avance es poco significativo.

Justo durante la visita presidencial, los bloqueos carreteros en la región istmeña estaban a todo vapor. Desde hace semanas no ha habido un solo día en que transportistas, automovilistas o viajeros, tengan paso franco en esa zona. Comuneros y grupos cebados ya en esta abominable práctica han ubicado los sitios claves para fustigar a la ciudadanía: el llamado puente Caracol y al menos otros tres sitios más. Es decir, los bloqueos se han ubicado en donde quienes por desgracia transitan por la zona, no tengan una sola alternativa para continuar su viaje.

Insistimos: ¿Cómo imaginar siquiera un gran proyecto presidencial, con la práctica cotidiana del bloqueo, que inclusive se ha diversificado ahora en las vías férreas? En 1903, cuando el general Porfirio Díaz inició el gran proyecto del Ferrocarril de Tehuantepec, obviamente no se daban estas prácticas. Si las hubiera, tengan por seguro que muchos no hubieran sobrevivido. La divisa era orden y progreso. Y, será casualidad o premeditado, pero dichos obstáculos a la libre circulación se han exacerbado en los tiempos electorales.

Se entiende que la prioridad en esta administración es el diálogo y más diálogo. Sin embargo, es justamente en ese temor oficial para aplicar la ley en la que sujetos sin escrúpulos se regodean para violentar los derechos ciudadanos al libre tránsito. La semana anterior se contabilizaron no menos de tres bloqueos diarios. Y esto ya es aberrante. Aquí todo mundo busca llevar agua a su molino. Los tentáculos de algunos partidos políticos están presentes.

Mientras empresarios istmeños han difundido un comunicado en el que exigen a candidatos y partidos, civilidad y apego a la ley; a conducirse con ética y jugar limpio, en bien del estado y del país, grupos minoritarios siguen empecinados en hacer el caldo de cultivo para alterar la paz social. Hay un justificado hartazgo respecto a este secuestro permanente que debería, por el bien de todos, paliarse con las armas de la ley, ya que el diálogo no ha funcionado.

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