EL COMENTARIO DE HOY

Juan Pérez Audelo/ Columna 

La semana pasada, en la Ciudad de México, el ejecutivo estatal y el Subsecretario de Derechos Humanos, Población y Migración de la Secretaría de Gobernación, Alejandro Encinas, junto con autoridades comunitarias, se reunieron para sentar las bases de lo que será un clima de paz en la zona triqui, ubicada en jurisdicción de Santiago Juxtlahuaca. Y es que se habla de desplazados y de un ambiente de violencia en la comunidad de Tierra Blanca, Copala. En efecto, dicha etnia ya necesita la atención enérgica de las autoridades, pues, como comentamos hace una semana, viven en un eterno ambiente hostil.

Aquello que en lo personal me llamó la atención es que se buscará matener el clima de paz y civilidad, sin la participación de las organizaciones sociales. Se trata, sin duda alguna, de una estrategia inteligente y acertada. Los años en este oficio nos han enseñado que la polarización en la citada zona indígena, ha sido una especie de resorte de interés político y económico. Las principales organizaciones que se disputan la supremacía: el Movimiento de Unificación de la Lucha Triqui (MULT); su escisión, el Movimiento de Unificación de la Lucha Triqui Independiente (MULTI) y la Unidad de Bienestar Social de la Región Triqui (UBISORT), han sido el factor principal de división.

Ello sin descartar la organización de donde se nutre el Partido Unidad Popular, la Asamblea de los Pueblos Indígenas (API), que tiene entre sus filas a un segmento de la citada etnia. Visto en perspectiva pues, se trata de una estructura atomizada y muy polarizada. Cada uno de sus dirigentes ve sus propios intereses y han habituado a mujeres y hombres, a pervivir no de su trabajo, sino de lo que ellos le consiguen en su interlocución o presión ante el gobierno. Es decir –sin ofender- una especie de mendicidad.

Ello ha llevado a una lucha permanente, no exenta de violencia y crimen; de secuestro y desaparición de mujeres y hombres; de asesinatos incluso de ancianos o niños, a lo largo de las dos últimas décadas. Locutoras de radio asesinadas; hermanas que fueron levantadas y nunca aparecieron; activistas nacionales y extranjeros que fueron emboscados en 2010. Es decir, hay un memorial de agravios y odio. Ojalá y hacemos votos para ello, que al fin la paz y la concordia llegue a nuestros hermanos triquis. Será, sin duda alguna, un gran acierto de la presente administración y un paso más, para acabar de una vez por todas con ese exterminio fraterno que ha vivido la etnia citada.

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