Patricia Briseño

OAXACA. Oax. El 19 de octubre de 2012 marcó la vida de Ana María Robles, fue el día que asesinaron a su hija, Viridiana Monserrat, de 47 puñaladas. Su fortaleza de madre, le dio la entereza de guiar las pesquisas que un año después se concretaron en la detención del autor material del feminicidio, y también a ajustar su tiempo y finanzas a la crianza de su nieta, quien quedó en la orfandad.

“Mi nieta, entonces, tenía un año de edad, por lo que tuve que cerrar el despacho jurídico dónde ofrecía mis servicios como abogada independiente. Desde aquel día, hasta la fecha, estoy abocada a cuidarla y amarla, pero también a buscar justicia para mi hija”.

“El feminicidio de Viridiana, ocurrió cuando tenía 50 años de edad. Sin pensarlo, dejé todo para proporcionar los cuidados maternos a mi nieta, quien padece de acidosis tubular renal, una enfermedad congénita, en consecuencia, mi vida de abuela cambió 360 grados”, mencionó.

Un año después de suscitado el crimen, entre los cuidados maternos a la nieta y trabajo en casa, Ana logró ubicar al victimario de Viridiana -quien se encontraba prófugo- en Baja California Sur.

Con su experiencia como abogada consiguió estar presente en el operativo policiaco, para ejecutar la orden de aprehensión en contra de Edgar Fabián M. C, quien a su vez es el padre de su nieta. Sin embargo, el proceso legal está entrampado en la lentitud burocrática, aún sin sentencia para el imputado.

Durante su largo andar por hospitales, para atender el padecimiento de su nieta, y los juzgados para revisar el curso de las indagatorias por el feminicidio, Ana no solo se ha encontrado con obstáculos en las dependencias, sino también con los grandes huecos que existen para la atención a víctimas secundarias.

A parte de que ella, como víctima indirecta tampoco recibió el apoyo psicológico para vivir el proceso de duelo por la muerte de su hija, Viridiana Monserrat, de 27 años de edad.

 “Sigo estando enojada, necesito seguir enojada para poder seguir en la lucha, en demanda de justicia, y por mi nieta, y llegado el momento, explicarle lo ocurrido a su mamá”.

A casi nueve años del crimen que cegó la vida de su hija, Ana, subrayó, “no hay una ley que nos proteja. No existe una política pública que venga a ayudar a las abuelas y tías madres a cargo de las infancias en orfandad por feminicidios. Me ofende la simulación, nos han recibido los titulares de los Poderes del estado de Oaxaca, pero todo queda en palabras”.

“En lo personal, he podido salir adelante por mi profesión, pero en este camino, he encontrado abuelas que no tienen ni para comer, y los chicos en orfandad están en la calle trabajando”, refirió

Víctimas indirectas del feminicidio, invisibles para el Estado: defensor

 “Ana y su nieta son víctimas indirectas del feminicidio, son invisibles para el Estado. Esto es evidente, pues a la fecha no existe ninguna ley nacional que obligue a crear un censo o un registro que indique el número de las infancias en orfandad por esta causa, y tampoco a sus tutoras o tutores”, refirió Bernardo Rodríguez Alamilla, defensor de los Derechos Humanos de Oaxaca.

Dijo que la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, contempla a las víctimas indirectas servicios jurídicos, médicos y psicológicos, sin embargo, no se cumple en la práctica.

“Desde esta perspectiva es fundamental que las autoridades estatales y federales reconozcan que es un problema real, se requieren acciones integrales para la atención de las víctimas indirectas, toda vez que está en riesgo la reconstrucción de su proyecto de vida”.

“De tal forma que, de ofrecer una reparación integral, se revictimiza a las familias, impactadas por los feminicidios”, concluyó.

Dato:

*De acuerdo con estimaciones realizadas por ONU Mujeres, los casos de feminicidio que llegan a ser judicializados (apenas el 30%) tardan entre cinco y seis años en resolverse.

*El gobierno de Oaxaca no ha cumplido con la instalación de la Comisión de Víctimas en el Estado, que contaría con recursos etiquetados para atender a las víctimas indirectas.

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