Juan Pérez Audelo/ Columna 

El pasado domingo se celebró la jornada electoral 2021. Como se advertía, Oaxaca se pintó de Morena. De nueva cuenta, el partido en el poder arrasó en diputaciones federales, locales y, se estima que en presidencias municipales. Como en cada proceso electoral hay triunfadores y derrotados. Son los gajes de la democracia. Según el Instituto Estatal Electoral y de Participación Ciudadana –el IEEPCO- hubo una gran participación. En promedio el 63% del padrón acudió a las urnas. Una buena señal.

Éste fue también el proceso electoral más violento de que se tenga memoria. Más enconado; más polarizado. Oaxaca se perfiló junto con Veracruz, como la entidad en donde se registraron más hechos de violencia política. Hubo comunidades en las cuales, por seguridad, no se autorizó la apertura de casillas. No faltaron, hasta el último momento, acciones fuera de la ley.

En la entidad se registraron incidentes que fueron calificados como nenores en Santa María Xadani. Y otros graves como en Lagunas, en donde irrumpió un grupo armado e intimidó a funcionarios de casilla. Hubo robo de papelería en Miahuatlán. En Laollaga, trascendió la muerte de una persona, que la Fiscalía debe investigar. En Oaxaca, el equipo del candidato de la coalición “Va por Oaxaca”, Javier Villacaña, fue objeto de agresión de la Policía Municipal de la capital. En las elecciones municipales, no es un secreto, siempre hay violencia.

Los procesos democráticos, como ya hemos dicho, tienen sus pormenores y asegunes. Es la dictadura de las mayorías. Pero ésa es su regla elemental. No se trata de elegir a los mejores sino, incluso, a los peores. La kakistocracia le llamó Michelangelo Bovero, politólogo italiano, al gobierno de los peores.

Como ya es común en este tipo de eventos, habrá inconformidades. Vendrán los litigios. Se documentarán anomalías y violaciones a la ley vigente. Y el triunfo o la derrota, que deberían emitirse luego del conteo de los votos, se dará en los órganos jurisdiccionales, local o federal. Es decir, en la mesa, poniendo en entredicho la voluntad ciudadana depositada en las urnas.

Lo importante para muchos ciudadanos es que terminó la veda electoral y se reactivarán las funciones de gobierno. Seguramente, el ejecutivo estatal, luego de un largo período de pandemia y emergencia sanitaria, volverá a convocar a sus juntas de gabinete. Meter al orden a funcionarios mayores y menores que han estado ausentes, despachando en la Ciudad de México o en otras partes, dando a esta administración la sensación de atonía o desinterés. Porque tal parece que yupies y yopes, como se han calificado con ironía –con sus contadas excepciones- con aquello de la Covid-19 y la veda, siguen pensando en el cargo como un nicho de confort y farándula perpetua.

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