Patricia Briseño

OAXACA, Oax. Con la temporada de lluvias, entre mayo y junio, se abre el ciclo agrícola de siembra; este periodo es considerado como el más importante; en el que se puede sembrar para obtener una cosecha abundante.

En Oaxaca, algunas familias acostumbran poner incienso a la semilla (maíz, calabaza, frijol) y rezarle, este rito lo realizan a ras de tierra, entre los surcos.

Dialogan con la madre tierra, se le pide permiso, y se le ofrecen disculpas por el daño que la humanidad le está provocando, luego se le riega el mezcal, y en algunos casos se sacrifica a una gallina. Casi siempre, se prepara una comida especial, en agradecimiento a los compadres que participaron en la primera cosecha del año.

“Se bendice la semilla del frijol, la calabaza y el maíz. Rezamos desde el fondo de nuestro corazón, según la costumbre que nos dejaron nuestros ancestros, que en paz descansen”

Carmen Santiago, campesina y directora de la asociación Flor y Canto.

“Regresamos la semilla a la tierra, y pedimos que no se quede allá, que no se pierda, porque ve que luego cuando llueve, pues, no se da, entonces le pedimos a Dios que regrese, para que tengamos que comer”.

Al final del mes de mayo, Carmen encabezó el ritual con las semillas en su pequeña comunidad, asentada en el Valle de Ocotlán: “Aquí se acostumbra usar copal, rezar y se ahúma la semilla para que se limpie; aquí en el pueblo se acostumbra una misa para bendecir la semilla”, dijo.

La bendición de las semillas, la invocación a las deidades; los cantos y festividades; la comida y la bebida, es una tradición que se resiste a sucumbir, aunque hay algunos lugares que adelantan este ritual debido a las condiciones orográficas o por usos y costumbres, como en la Sierra Mixe alta, donde la ceremonia ocurre en enero, a la par con la llegada del año, y considerando el clima predominante en esa zona.

PREVALECE SINCRETISMO

Los mitos, rituales y tradiciones rinden tributo al cultivo de la milpa, a la madre tierra, a la vez que van aparejados con celebraciones religiosas como la consagrada a San Isidro Labrador, el 15 de mayo, debido a la relación que guarda con el ciclo agrícola.

Según los agricultores, el 15 de mayo se abre el cielo y comienzan las lluvias, en algunas ocasiones desde ese día se puede pronosticar si las aguas de la temporada van a ser buenas o no para el campo y sus cosechas.

En Teotitlán del Valle, a unos 40 minutos al oriente de la capital, Aurora Bazán, artesana y campesina, comentó que en su comunidad en esa fecha se brinda una ofrenda a las divinidades de la naturaleza para que haya una buena producción.

“Se acostumbra que la familia prepare una comida especial: mole con pollo o carne, frijoles, tamales, atole”.

Estos alimentos se ofrecen junto con agua, mezcal, una vela blanca y copal. Antes de comer, se alista una ofrenda para regresar a la madre tierra lo que ella les dio: los tamales y el atole por el maíz, además del frijol.

Una vez que se tiene lista se coloca en una piedra grande que se encuentra en medio de la parcela (se dice que la piedra es el centro de energía y que llama a los cuatro puntos cardinales), se prende la vela, se inciensa el lugar y se ofrece a los cuatro puntos cardinales.

“Se pide a los dioses prehispánicos cuiden el cultivo, que el aire no rompa la planta, que las plagas no la dañen, que el granizo no la destruya, que los animales no se la coman, y que tengan buena cosecha, y antes de terminar se besa la tierra.

Los ritos son una expresión religiosa que proporcionan una manera de entrar en contacto con los espíritus de la naturaleza y el maíz para adorarlos, agradecerles, y pedirles más buenos temporales y abundantes cosechas.

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