EL COMENTARIO DE HOY

Juan Pérez Audelo/ Columna 

El sociólogo alemán, Hans Magnus Enzensberger, refiere un pasaje anecdótico: cuenta Platón –dice- que cuando Tales de Mileto, fundador de la filosofía natural jónica, cayó en un pozo mientras miraba las estrellas, una gentil y graciosa sirvienta tracia se burló de él diciendo que buscaba conocer las cosas del cielo e ignoraba lo que tenía delante y a sus pies. En efecto, dicho pasaje podemos ubicarlo en nuestra realidad. Hay quienes pretenden hacer política pero ignoran lo que se vive en el Oaxaca de carne y hueso.

En los últimos meses han surgido aspirantes y más aspirantes a la gubernatura, por el partido Movimiento de Regeneración Nacional –Morena-. Y los que se acumulen. La pregunta es: ¿qué los mueve a promoverse como tales? ¿Tienen los méritos, el conocimiento, la capacidad de gobernar un estado tan complejo como el nuestro o sólo es la búsqueda del poder por el poder? El sentido común nos lleva a pensar que el móvil principal es lo último.

Varios términos ha traído la modernidad para calificar la decadencia de la política. Y lo hemos estado viviendo en el país, con calificativos como aspiracionistas, conservadores o declaraciones desafortunadas de funcionarios menores, como Marx Arriaga, encargado de contenidos de los Libros de Texto Gratuitos, que calificó el hábito de la lectura como “un acto de consumo capitalista”. Ello nos lleva a pensar que en México, se sigue perfilando como real, la teoría de Michelangelo Bovero, discípulo del gran politólogo italiano, Norberto Bobbio: las sociedades le apuntan cada vez más a la kakistocracia, es decir, el gobierno de los peores.

De los que se perfilan para la gubernatura, los hay que tienen cuentas pendientes en gobiernos anteriores; peculado o desvío de recursos. Los hay que han sido pésimos funcionarios. También que sólo conocen el folklore y son improvisados o, en el peor de los casos, aunque sus raíces sean oaxaqueñas ni han vivido ni pertenecen a este terruño. Es decir, durante su periplo político, apenas están entendiendo una realidad que siempre les ha sido ajena. Ya ven el cielo, pero desconocen lo que tienen enfrente o al lado en la tierra.

Y hablamos de Morena porque lo ocurrido en los últimos procesos electorales han dejado como lección que Oaxaca se volvería  a pintar de color marrón para el 2022. Las pasiones están ya desatadas. Ya vendrán los tiempos de los golpes bajos y las patadas debajo de la mesa. Las campañas de descrédito y la guerra sucia. La manipulación de las redes sociales para tundir al adversario, así sea correligionario. Es decir, el infierno de todos tan temido –como decía el maestro Sergio Pitol- de las campañas, apenas asoma.

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