EL COMENTARIO DE HOY

Juan Pérez Audelo/ Columna 

Este período vacacional de verano ha mostrado ante visitantes y locales, el peor rostro de nuestra capital. Comerciantes en la vía pública, jugando con la Policía Municipal, al gato y al ratón. Un Centro Histórico convertido en zahúrda. Basura, desorden, inseguridad. La ciudad y sus colonias convertidas en rehén de bandas de delincuentes y cholos que, en los últimos días, han mostrado la cruda realidad de que, en Oaxaca de Juárez, como en la novela de don Edmundo Valadés, “la muerte tiene permiso”.

La pregunta es: ¿cómo hemos llegado a esos niveles de decadencia y abandono? El tema del comercio en la vía pública, en efecto, no es algo nuevo. Se ha venido arrastrando desde hace al menos cuatro o cinco administraciones municipales. Sin embargo, en ésta rebasó cualquier expectativa. Los puestos se han multiplicado. La ilegalidad permea y la impunidad también. Hoy mismo, han ahorcado los mercados centrales. Obvio: hay algunas manos y demasiados intereses.

En el rubro de la basura, nadie se explica el porqué de la firma de un contrato millonario al inicio de la gestión municipal, para la renta de camiones recolectores, si existía la premisa de las miserias del erario. Problemas con el pago de la renta o de abastecimiento de gasolina advierten una mala administración. No se puede gobernar una ciudad tan compleja y con tantos problemas como Oaxaca, con el argumento de que no hay recursos.

La inseguridad es un tema grave que parece haber sido soslayado. El asesinato en plena vía pública de un joven médico, el pasado primero de agosto, en jurisdicción de la agencia municipal de Pueblo Nuevo, refleja, entre otros muchos casos, el grado de criminalidad que prevalece en el casco urbano, agencias y colonias. Asaltos a transeúntes, robos a casas habitación, bandas delictivas convertidas en azotes ciudadanos, exhibidas en redes sociales, advierten que alguien no ha hecho su trabajo ni cumplido con su responsabilidad.

Estamos a poco más de cuatro meses de que concluya el actual gobierno local. Hay aún temas pendientes. Ojalá que el bono democrático con el que llegó no sea echado a la basura y se tomen las medidas prudentes para un cierre digno y decoroso. La ciudadanía espera resultados no disculpas. Aunque aquí no se ha dado el caso, ya no vale echarle la culpa al de atrás. Quien gobierna, así sea el espacio político y geográfico más modesto, debe responder a su tiempo y su circunstancia, en tanto la política y el devenir, siguen su curso inexorable.

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