EL COMENTARIO DE HOY

Juan Pérez Audelo/ Columna 

Como ya es clásico en nuestra convivencia oaxaqueña, la modernización, rehabilitación o construcción de vialidades u otras obras, siempre desatan movimientos en contra; impugnaciones y hasta amparos. Hace al menos 30 años, la protesta de grupos ambientalistas y personajes, hizo abortar la construcción del llamado Libramiento Norte. La obra quedó a medias. Con el paso del tiempo, lo que se quería proteger, la reserva ecológica de San Felipe del Agua, yace hoy invadida de predios y construcciones.

En la administración del ex gobernador Ulises Ruiz, la construcción de los cuatro carriles en el Cerro de El Fortín y el adoquinado del Centro Histórico, particularmente del zócalo, enfrentaron una gran oposición. Uno de los ejes de la protesta era la defensa de los frondosos laureles de la India, algunos de los cuales, en los últimos años, se han venido a tierra por la falta de atención de los gobiernos locales. La imagen de la capital es otra, con esa cuantiosa inversión, que para muchos fue exagerada.

Durante el gobierno de Gabino Cué se pretendió construir el Centro Cultural y de Convenciones en inmediaciones del citado Cerro de El Fortín. Organizaciones que dicen proteger el entorno natural y urbano, lo torpedearon a placer. Se convirtió en un escándalo mediático, de quejas, oposición e inconformidad. Un proyecto que había resultado costoso para el erario, tuvo que replantearse. Fue el actual gobierno quien concluyó dicha obra, en terrenos de Santa Lucía del Camino.

Una de las prioridades de esta administración es la obra del llamado Proyecto Integral de Ampliación y Modernización en la Avenida Símbolos Patrios, que contempla mejoras en diversos aspectos. Se ha destinado para el mismo una cuantiosa inversión. Pues bien. Dicha obra no sólo ha sido ya escenario de la disputa de los sindicatos que mangonean el transporte de materiales pétreos en Oaxaca, sino también de organizaciones y hasta diputadas que se asumen ambientalistas.

Es cierto, la citada obra contempla el sacrificio de centenas de árboles. No los 1 mil 600 que se han argumentado. De los que en realidad existen, muchos de ellos llenos de plaga o afectados, serán retirados poco más de quinientos. El resto será integrado o trasplantado, según ha reconocido la dependencia ejecutora. Hay, así lo creo, el compromiso tácito de reforestar. Lo que llama la atención no es la genuina lucha de dichos grupos, por la pérdida de estas especies que todos lamentamos, sino su silencio en torno a otros escenarios.

Y lo dejo de tarea: ¿Cuál es la alternativa que han planteado para reponer los cientos de viejas palmeras que se secaron, a causa de una plaga y que fueron derribadas, dejando hoy sólo troncos inertes y espacios vacíos en nuestra deforestada capital oaxaqueña? Es una pregunta.

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