EL COMENTARIO DE HOY

Juan Pérez Audelo/ Columna 

Desde 1987, el Comité del Patrimonio Mundial de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), declaró a la Ciudad de Oaxaca, la Zona Arqueológica de Monte Albán y el Conjunto Conventual Dominico de Cuilapam de Guerrero, Patrimonio Cultural de la Humanidad. De ello ya llovió. Han pasado 34 años. Y salvo las placas alusivas que se encuentran en sitios emblemáticos de dichos lugares, poco se sabe de lo hecho por las autoridades locales para mantener tan importante distinción.

Obviamente, llegar a ello, no fue algo fortuito. Detrás se dio la participación de todo un directorio de funcionarios y especialistas en el tema, algunos ya fallecidos que, desde hace mucho, las autoridades locales se han negado a reconocer. Asumen que, el reconocimiento provino de algún ente celestial y no del esfuerzo de arquitectos, historiadores, diplomáticos, etc. Tal vez por ello se han desentendido de cuidar el patrimonio, protegerlo y hacer las acciones pertinentes para mantenerlo con orgullo.

En comentarios anteriores reconocimos que nunca antes nuestra capital presentó una imagen tan deplorable como la de hoy. Es la política despojada de prejuicios o más bien, de sensibilidad. Un Centro Histórico lleno de basura; de comerciantes en la vía pública en franco reto a la autoridad local, no es algo digno de encomio. Menos en una ciudad catalogada a nivel internacional y con constantes reconocimientos, como una de las más bellas, al menos de México y Latinoamérica.

Y dejemos atrás los baches, las vialidades intransitables, el sistema de semáforos colapsado, entre otros. Oaxaca de Juárez asemeja una capital sometida al abandono; lacerada por muchos males. Y los problemas se habrán de agudizar ahora con el recorte que sufrieron nuestras participaciones federales. El golpe a los municipios, particularmente el más importante, la capital, se habrá de añadir a un gobierno local descapitalizado, incapaz de hacer frente a sus compromisos.

La ciudadanía espera un golpe de timón, el cumplimiento de las responsabilidades y de las promesas de campaña. Estamos a escasos cuatro meses y poco más del cambio de estafeta municipal. No se puede arriesgar el bono democrático, a la indiferencia, la apatía y la insensibilidad. Más allá de filias o fobias políticas; de ideologías o militancia; de fijaciones o resentimientos, el bien de nuestra capital nos compete a todos. Bien por los organismos de la sociedad civil que han asumido su papel en exigir resultados y restituir la dignidad de nuestra ciudad. Es nuestra corresponsabilidad. Hagamos cada quién lo que nos corresponde.

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