EL COMENTARIO DE HOY

Juan Pérez Audelo/ Columna 

Hace un par de semanas se dio a conocer la arbitraria medida de la Federación en recortarle a Oaxaca, del Presupuesto ya asignado para 2021, mil quinientos millones de pesos. Se dice fácil. Pero no lo es para una entidad que prácticamente vive de los recursos que le envía el gobierno federal. Habrá pues un boquete en las finanzas estatales. Como ya se informó, ello representará recortes en las participaciones que se otorgan a los municipios oaxaqueños.

Sin embargo, hay quienes parecen no ver esta cruda realidad. Por un lado, está nuestra flamante Sexagésima Cuarta Legislatura. Según notas periodísticas, antes de que terminen su gestión, que ya está a la vuelta de la esquina, nuestros diputados y diputadas ya le dieron fin al presupuesto que tenían asignado para este año. Con la potestad que les da el cargo que ostentan, pueden autorizarse otros tantos millones. Los vicios y la voracidad se han arraigado tanto ahí, que lo hacen sin rubor alguno, pero con mucho cinismo.

Cualquier ciudadano palidece al enterarse de que en menos de tres años de gestión y con las calificaciones de improductiva, onerosa y voraz, nuestra legislatura local ha erogado más de 2 mil millones de pesos. Y se ha de preguntar: ¿y qué han hecho nuestros y nuestras representantes populares? Pues nada. Sólo aprobar leyes que no se aplican; utilizar la curul para traficar influencias; exigir que les acrediten obras públicas o, simplemente, medrar del presupuesto que el mismo órgano se autoriza.

Por otro lado, no han faltado en el entorno estatal, las movilizaciones de algunas organizaciones sociales, que perviven de la dádiva gubernamental. Según información de fuentes oficiales, hay cerca de 400 organizaciones y grupos. Y todas exigen recursos. Con la bandera de justicia, simulan un abanico de demandas. Los dirigentes afirman representar a tal o cual comunidad y se convierten en supuestos gestores, traslapándose con la autoridad municipal legalmente reconocida.

Muchos de esos recursos no llegan a las comunidades o a sus destinatarios. Una parte -y eso no es un secreto- va a dar al bolsillo de los dirigentes. Cobran una generosa comisión. Por eso los vemos pasear en vehículos modernos y costosos; viajar por vía aérea en primera clase; comer en los restaurantes de moda o beber en los antros nice. La pregunta es: ¿si se habrá de sacrificar a muchos municipios que viven en pobreza o pobreza extrema, no es tiempo de cerrarles ya la llave a legisladores voraces y a estos falsos redentores sociales? Lo dejamos de tarea.

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